Última actualizaciónMar, 11 Ago 2020 4pm

Sucesos España

Menas revientan la cabeza a botellazos a un hombre en la Casa de Campo de Madrid

inmigrantes menas

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La violencia en el interior y las inmediaciones de la Casa de Campo de Madrid no cesa. Pese al incremento de la vigilancia policial en el entorno de las estaciones de Metro de Batán, Casa de Campo, Alto de Extremadura y Lago, así como en el propio parque, son varios los sucesos ocurridos en los últimos días relacionados con robos y agresiones. El diario ABC ha tenido acceso a dos de las denuncias interpuestas en un contexto marcado por la primera gran protesta vecinal, llevada a cabo el pasado domingo, para pedir a la Comunidad de Madrid la vuelta del antiguo albergue juvenil Richard Schirrmann, convertido desde enero de 2019 en un recurso habitacional de emergencia para los menores extranjeros no acompañados (menas) llegados a la región.

El primero de los hechos delictivos tuvo lugar el fin de semana anterior, en el camino que une las paradas del suburbano de Batán y Casa de Campo, cuando Mikel, de 41 años, paseaba tranquilamente de madrugada después de salir de casa de su pareja. «Serían las 4 de la mañana y quería dar una vuelta por la zona», relata el agredido. La víctima, afincada en el País Vasco, llevaba consigo una bolsa con pertenencias, una bandolera y el teléfono móvil en el bolsillo. La tranquilidad del enclave hubiera sido el perfecto colofón a una divertida noche de no ser por el aciago encuentro sufrido a los pocos minutos de echar a andar.

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«Noté que alguien se ponía a mi espalda y al girarme vi a tres jóvenes que vinieron de inmediato a por mí», recuerda una semana después, aún convaleciente por las heridas y el miedo metido en el cuerpo: «Me dijeron que les diera todo y empecé a forcejear con ellos». Uno de los asaltantes le golpeó entonces con una botella de vidrio en la cabeza, lo que provocó la huida despavorida de Mikel. «Choqué con unas zarzas porque no sabía ni adónde iba», añade, momento en que recibió al menos otros cuatro botellazos mientras uno de los agresores no paraba de gritarle «el teléfono, dame el teléfono».

Presa del pánico, el hombre les entregó el móvil percatándose también de que le habían arrancado la bandolera. «La bolsa la tiré al suelo porque temí por mi vida y solo quería salir de allí», subraya. Con la sangre manando a borbotones de su cabeza, Mikel logró alcanzar el portal donde reside su novio y dio la voz de alarma. Dos unidades de la Policía Nacional se personaron rápidamente, sin que pudieran encontrar a los autores del violento robo. Una ambulancia del Samur-Protección Civil le atendió a pie de calle antes de trasladarlo al Hospital San Clínico, donde quedó ingresado hasta la mañana siguiente.

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Los médicos le colocaron hasta 12 grapas fruto de tres heridas diferentes, según le explicaron antes de recibir el alta. «Mi pareja me recogió y fuimos a casa a descansar», prosigue el afectado. Por la tarde, acudieron hasta el lugar exacto del ataque y comprobaron que la bolsa seguía ahí, aunque sin algunas de sus pertenencias. Tras ello, se personaron en la comisaría de Latina para interponer la correspondiente denuncia. «El grado de violencia que emplearon para robarle un puñetero teléfono móvil no es normal», resalta, indignado, su novio.

Ocho días antes de esta embestida, el 26 de junio, una mujer vio cómo un joven le quitaba de un fuerte tirón el teléfono móvil mientras paseaba en compañía de sus tres nietos por el interior de la Casa de Campo. La hija de la víctima, con la que estaba manteniendo una videollamada, pudo hacer una captura del autor del robo, que huyó en dirección al citado centro de menores extranjeros no acompañados. Un indicativo policial se personó en el espacio asistencial y tras entrevistarse con el director se identificó al presunto culpable, de origen marroquí y edad comprendida entre los 17 y los 19 años. La problemática en este punto fronterizo de Latina y Moncloa-Aravaca es tal, que cerca de 200 vecinos se concentraron el domingo pasado bajo el lema «Recuperemos el albergue, recuperemos nuestra antigua vida».

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