Piden que la madre feminazi que mató a sus dos hijos en Godella no vaya a la cárcel

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Piden que la madre feminazi que mató a sus dos hijos en Godella no vaya a la cárcel

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El relato es estremecedor y exculpa a su pareja. «Desperté a Gabriel y le dije que sus hijos estaban muertos. Me preguntó dónde estaban y le dije que los había matado la secta», afirmó la joven acusada de asesinar a sus hijos el 14 de marzo de 2019 en Godella (Valencia). El testimonio de María G. figura en las diligencias del sumario, concretamente en un informe realizado por la Sección de Psiquiatría Forense del Instituto de Medicina Legal de Valencia.

Los dos doctores que se entrevistaron con la joven concluyen que es inimputable porque padece una esquizofrenia paranoide de varios meses de evolución (antes del doble parricidio), y que tuvo un brote florido en el mes de marzo de 2019. Según los psiquiatras forenses, María «perdió el control de sus facultades mentales» y se produjo «una escisión de su mente» en el momento en que suceden los hechos criminales.

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«Salí a fumar a la terraza, iba dando vueltas y de repente vi a la niña muerta. Pensé que la secta había matado a mi hija, entré en la casa y mi hijo no estaba. Le encontré en el bordillo de la piscina. Entonces enterré a mi hijo cerca del lugar donde había aparecido muerto, en un montón de tierra que había removido una máquina días antes, donde él solía jugar. A mi hija la enterré en otro montón de tierra removido en el lugar donde solía pasear con ella», explicó María en una de las entrevistas clínicas con los psiquiatras forenses.

«Durante toda la mañana Gabriel me acusaba de haber matado a sus hijos. Intentó matarme y empezamos una pelea. Comenzó a pegarme y salí corriendo, al principio me acorraló en la puerta, pero salí corriendo fuera de la casa desnuda», añadió la joven.

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También manifestó que en los últimos días «Gabriel era Dios» y que las conversaciones con él «eran telepáticas». Cuando el psiquiatra forense le preguntó por qué estaba desnuda cuando la Guardia Civil la encontró dentro de un bidón, María contestó que tras enterrar a sus hijos, vio que estaba manchada de sangre, le dio asco y se quitó la ropa. Respecto a la influencia de su pareja, señaló que decía cosas raras, como que el Gobierno «atacaba a las personas con frecuencias bajas, lo hacían con aviones y antenas, con lo que conseguían mantener a la población en situación de mente baja».

Según la joven, por las noches hacían vigilias en la casa, siempre uno de los dos estaba despierto, porque Gabriel «decía que venían a pincharnos» para sacarle los óvulos a ella.

«Él se creía la regresión de los mayas. Creía que él era Jesucristo resucitado y yo María Magdalena. El discurso de la secta cambió en marzo, y de ser miembros del Gobierno los que estaban detrás de mí, pasaron a ser los extraterrestres. También me convenció de que habían abusado de mí. Comencé a volverme loca, se me rompía el corazón», agregó.

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Episodios sobre fantasmas

La joven no relacionó los hechos sucedidos con el consumo de cannabis, pero los atribuyó «a las historias que Gabriel me metía en la cabeza». Por ello, salía de casa muy nerviosa «por una realidad absurda sin cosas necesarias como el teléfono o los pañales», y se refirió a otros episodios sobre fantasmas y lesiones que sufrió su hijo. «Un poco antes de marzo, el niño comenzó a decir que su otro papá le hacía daño, y Gabriel decía que eran los fantasmas y que alguien le ritualizaba», aseveró.

Otro día, el niño llegó a casa con golpes que había recibido en el colegio, según su pareja. «La secta entonces se había ampliado, y además del Gobierno y mi familia, era mi madre, mis amigas y la gente del colegio, y la secta quería robarnos nuestra genética», afirmó María. Después de pasar sus primeros días en prisión, la joven señaló que sufrió un ataque de ansiedad e intentó clavarse un lápiz.

Tras escuchar estas explicaciones sobre cómo enterró a sus hijos y las referencias a sectas, los dos psiquiatras forenses concluyeron que María presenta «una grave descompensación mental de tipo psicótico» y recomiendan su ingreso «en un centro psiquiátrico cerrado para su evaluación y diagnóstico».

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