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Si los inmigrantes matan, es un caso aislado; si los inmigrantes mueren, es racismo

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Hipocresía. Cinismo. O la sempiterna doble moral del progresismo. Si un varón mata, todos los hombres son potenciales asesinos. Si lo hace una mujer y se extiende la rabia, es misoginia pura.

El buenismo y la corrección política, por aquellos azares incontrolados del destino, ha puesto frente al espejo de la sociedad española, en apenas unos días, la perpetua doble visión de la realidad de la izquierda política y mediática de nuestro país.

El pasado domingo 11 de marzo, la actualidad nos golpeaba de nuevo con una noticia escalofriante: Gabriel Cruz, el pequeño de ocho años desaparecido en Almería, era encontrado muerto por la Guardia Civil en el maletero de la pareja de su padre, Ana Julia Quezada, una inmigrante dominicana. Un crimen atroz que conmocionó a toda la opinión pública.

Rápidamente, las redes entraron en estado de ebullición, y la progresía se puso inmediatamente en marcha para exculpar y proteger los derechos de una asesina confesa. Desde el periodista Ignacio Escolar a la escritora Lucía Etxebarría. Todos calificaron sin pudor a la sociedad española de 'misógina y racista' por vomitar sus bilis contra la homicida.

La intelectual valenciana, incluso, pidió directamente el cierre de MEDITERRÁNEO DIGITAL. Cosas de los adalides de la democracia y la libertad de expresión: si no te gusta lo que dicen, fusílalos.

La doble moral de la progresía

Este jueves, 16 de marzo, la muerte de un mantero senegalés destapó las iras de la comunidad africana en el barrio madrileño de Lavapiés, donde conviven hasta 88 nacionalidades distintas.

Rápidamente, se extendieron como la pólvora las distintas versiones de lo sucedido, creció la tensión en la zona y se dispararon los incidentes. Se vivieron escenas de auténtica guerrilla urbana.

Los inmigrantes, en su mayoría de origen senegalés, se enfrentaron directamente a la Policía, a la que atacaron con piedras, palos o incluso adoquines, quemando contenedores y destrozando a su paso todo tipo de mobiliario urbano. 

De madrugada, una turba enloquecida incendió las dependencias de una sucursal bancaria, prendiendo fuego a todo el edificio, lo que obligó a los Bomberos a intervenir de urgencia y a desalojar a todos los vecinos.

Y como era de esperar, la progresía política y mediática de nuestro país, no tardó en salir en tromba a solidarizarse con los inmigrantes, y a condenar públicamente "la violencia" y la "brutalidad policial", señalando a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado como responsables directos de lo acontecido.

Numerosas organizaciones no gubernamentales y de ayuda al refugiado, convocaron inmediatamente decenas de manifestaciones "contra el racismo", "la xenofobia" y "la represión policial" en las principales capitales de provincia españolas. E incluso los concejales de Ahora Madrid, marca blanca de Podemos y equipo de Gobierno del Ayuntamiento de la capital, culpó directamente al "capitalismo" del fallecimiento del mantero, "que ha muerto por ser negro".

¿Qué hubiera pasado si, después del crimen de Almería, con la terrible muerte del pequeño Gabriel a manos de Ana Julia Quezada, de raza negra, se hubiera lanzado un llamamiento público a la movilización de los españoles contra la inmigración masiva?

Si una dominicana mata a un niño es un caso aislado, pero si un inmigrante se muere de un infarto, es racismo puro. La doble vara de medir de la progresía de nuestro país, ya no da ni asco.

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