Transexual se opera y ahora se arrepiente 'porque es muy duro ser mujer'
Última actualizaciónSáb, 04 Abr 2020 6pm

Mediterráneo Digital | Sexo

Transexual se opera y ahora se arrepiente 'porque es muy duro ser mujer'

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En Inglaterra, un joven británico se ha arrepentido de haberse realizado un cambio de sexo y ha exigido a las autoridades que lo acompañen, económicamente, en su vuelta a la versión original de nacimiento. Parece que las elecciones individuales de hoy en día han alcanzado su baremo máximo de libertad. Desde el aprovechamiento para su uso político hasta el reclamo de más derechos para la colectividad LGTBI en las sociedades más democráticas del mundo, las operaciones de cambio de sexo continúa siendo una cuestión que genera tantos seguidores como detractores. Sin embargo, ¿qué sucede cuando después de llevar a cabo un cambio de sexo, con todo lo que ello implica, como el correspondiente cambio de identidad, la persona en cuestión, se arrepiente? ¿Hasta dónde llega el colmo de los colmos cuando el protagonista exige encima que su capricho sea financiado con dinero público?

Los cambios de sexo se duplican en España

El cambio de sexo, ¿capricho progre subvencionado?

Y es que, por más insólito que suene, eso es lo que ha sucedido en un país tan poco progre como Inglaterra. Matthew Attonley, o más conocido como ‘Miss Malibú’, decidió subirse al carro de la modernidad y realizarse un cambio de sexo para convertirse en Chelsea Attonley. Lo que inició como una ilusión sólo le ha durado siete años. Después de haber pasado por todas las intervenciones quirúrgicas y psicológicas para ser y sentirse como una auténtica mujer, ha llegado la hora del arrepentimiento. Ahora, Chelsea quiere volver a ser Matthew, y es que, como alegaba en un medio británico local, “es muy duro ser mujer”.

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Este particular caso se encuentra lejos de tratarse de un arrepentimiento forzado por el entorno, por rechazo o discriminación. ¡Quizá si se lo hubiera pensado un poco antes, se hubiera ahorrado unas libras! Justamente de esto parte la polémica decisión de Chelsea o Matthew, ya que ya inició su re-cambio nuevamente y se encuentra con tratamientos de inyecciones de testosterona. Ahora el joven británico exige a las autoridades médicas públicas y por tanto, al Estado, que subvencione todo el tratamiento para volver a su estado original.

Los derechos LGTBI como discurso político

La liviandad con la que se tratan públicamente estos temas desata indudablemente la polémica. Con movilizaciones sociales en aquellos lugares más democráticos del planeta, el colectivo LGTBI y en concreto, los transexuales, no sólo exigen el reconocimiento de derechos, que cae bajo el paraguas de la moralidad de cada uno, sino, lo más preocupante, ¡que estos se expandan gracias a las subvenciones públicas!

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¿Qué sucede cuando este tipo de casos devienen una cuestión pública? El discurso político empieza a desmoronarse. En Inglaterra, los trabajadores y contribuyentes, no se ponen de acuerdo en si hay que subvencionar lo que parecen ser caprichos a ojos de muchos. No tiene nada que ver con la libre elección y el derecho individual de una persona a decidir sobre sí mismo y sobre sus cuerpos, sino más bien con imponer su ideología y exigir que los gobiernos, los acompañe en todo el circo. El enfrentamiento entre Chelsea Attoney, transexual arrepentido, con la asociación de contribuyentes de Inglaterra sólo ha comenzado, pues según el joven británico, volver a sentir que es un hombre, se trata de “salud mental” y hay “necesidad de estas operaciones”. Nosotros nos preguntamos, ¿es que acaso se considera enfermo?

El discurso político de la diversidad parece no tener límites ni control, ni conocer de fronteras. En España ya es posible que un niño decida realizarse un cambio de sexo sin el consentimiento de quienes lo tutelan, como ya adelantábamos en MEDITERRÁNEO DIGITAL hace unas semanas, en el contexto de la celebración del Orgullo. En esta misma línea, nuestro país ya es pionero poniendo en práctica lo que esta dictadura progre plantea, pues ya tenemos reconocidos hasta 37 géneros, ¡como lo leen!

De hecho, en aquellas sociedades más modernas en las que el debate por lo menos está expuesto públicamente, el kit de la cuestión va de la mano del reclamo del costoso importe que estas operaciones y tratamientos de cambio de sexo requiere. En nuestro caso particular, en España, el cambio de sexo es gratuito (para el que se opera, pues la factura la paguemos todos), mientras que por ejemplo, un servicio básico como la odontología es de pago, y bastante caro, por cierto.

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Para el colectivo LGTBI ¿derechos o privilegios?

Con todo lo anterior, el discurso progre de la igualdad obtiene sus frutos, como en el pasado Orgullo celebrado en diferentes ciudades españolas: miembros del colectivo viajaron en transporte público gratis, como una estrategia política de igualdad. ¡Alucinen!

Y es que los cambios de sexo e identidad no son un camino de rosas. Como destapábamos hace una semanas, los delito de odio contra estas personas se repiten diariamente, como los dos extranjeros que pegaron una paliza a un joven transexual en Alicante por no pagar entrada ni de hombre ni de mujer en una discoteca.

¿Ha ido el discurso político modernista demasiado rápido sin tener en cuenta todas las potenciales situaciones que plantearía una decisión como tal? No se trata de consecución de derechos o de mantener un sistema conservador, sino de actuar de manera coherente, responsable y justa para la mayoría. ¿Por qué la totalidad de los ciudadanos deben financiar las operaciones de sexo de quienes no se sienten el sexo que les ha tocado, o peor, la operación de arrepentimiento?

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