Adicto al sexo: la ciencia descubre un ratón que prefiere morir para seguir follando

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A simple vista, el Antechinus (Antequino) o ratón marsupial dentón, no parece un gran seductor. Apenas llega a los 20 centímetros, tiene los ojos negros, nariz y orejillas puntiagudas, y una cola que se aproxima al tamaño de su cuerpo. Su pelo suele ser grisáceo, crema, canela o cobrizo. Y está afincado entre Australia y Tasmania, donde los científicos acaban de descubrir que, por tener más sexo, deja de dormir.

"Todos los animales necesitan dormir. Cuando los humanos o los animales no duermen lo suficiente, puede provocar problemas de atención, irritabilidad y otros efectos nocivos. Sin embargo, este pequeño marsupial es capaz de sacrificar horas de sueño para tener más relaciones sexuales durante la temporada de apareamiento", concluye un estudio que acaba de publicar la revista Current Biology.

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El reino animal está plagado de prácticas sexuales extremas. Desde los orgasmos de 30 minutos del cerdo a los 50 coitos diarios del león, pasando por la explosión de los órganos sexuales de los zánganos, que acaba con sus vidas. Ahora, el ratón marsupial australiano, se cuela por la puerta grande en la historia de la biología reproductiva por montarse una orgía de tres semanas con jornadas de 14 horas pasando de hembra en hembra.

El estudio de varios años de Current Biology es el primero en demostrar una evidencia directa de restricción del sueño en un mamífero terrestre, impulsada por un fuerte deseo sexual, hasta un nivel que calificarían de adicción o intoxicación.

"Demostramos que los machos dejan de tener sueño durante la temporada de reproducción, y que duermen la mitad", explica la investigadora Erika Zaid, zoóloga de la Universidad La Trobe en Melbourne, Australia. "En humanos y otros animales, restringir la cantidad normal de sueño conduce a un peor rendimiento mientras estamos despiertos, y el efecto se va agravando día tras día. Sin embargo, los antechinus hicieron precisamente eso: durmieron tres horas menos cada noche durante tres semanas".

Este tipo de práctica sexual extrema hace que la esperanza de vida de los machos sea de tan sólo un año, y la lleven a cabo una sola vez en su corta vida. De hecho, mantener relaciones sexuales es lo último que hacen.

Además de renunciar al sueño, el animal también renuncian al alimento, a pesar de necesitar cada día la ingesta del 60% de su peso. Eso unido al estrés sexual, y que tengan que competir físicamente con otros machos por el acceso a tantas hembras como sea posible para maximizar su éxito reproductivo, hace que su sistema inmunitario colapse, sea invadido por parasitarios hemáticos e intestinales, sufra infecciones, y mueran antes de que lleguen a nacer las crías.

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Las hembras, sin embargo, viven dos años. Algo que se ha comprobado que también puede lograr un macho si se le aparta de las hembras justo antes de la temporada de apareamiento; lo que de ser animales racionales les abriría un debate entre una larga vida monacal, o una brevísima pero sexualmente hiperactiva.

Su inusual historia es lo que atrajo a los investigadores dirigidos por el profesor de zoología John Lesku, también de la Universidad La Trobe, a estudiarlos: "Primero descubrimos que los antequinos oscuros machos, pero no las hembras, se volvían inquietos durante su única temporada de reproducción". Entonces utilizaron la acelerometría para rastrear sus movimientos, y la electrofisiología y medidas metabólicas para cuantificar exactamente cuánto dejaban de dormir.

Los hallazgos sugieren que Antechinus puede disponer de algún mecanismo para mantenerse activos con menos sueño durante ese periodo. Otra posibilidad es que acepten todas las desventajas y daños de permanecer despiertos para mejorar sus posibilidades de tener sexo, reflexiona el estudio.

"En realidad resulta un poco sorprendente que estos animales no sacrifiquen todavía más horas de sueño durante la época de reproducción, ya que de todos modos morirán pronto", afirma Zaid. De hecho, que aun así decidan dormir algo "revela las funciones esenciales que cumple el sueño", apunta.

Los investigadores no creen que la principal razón de la bajada de defensas que les lleva a la muerte sea esta falta de sueño. En parte porque los machos que vieron dormir menos no fueron precisamente los que presentaban peores condiciones. Los investigadores quieren aprender ahora más sobre cómo los ratones son capaces de gestionar esta pérdida de sueño desde un punto de vista biológico, y sin perder sus capacidades.

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Autor: El Mundo

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