Hackers bloquean varios cinturones de castidad indestructibles y exigen un rescate a sus víctimas

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El Cellmate es un juguete sexual de castidad conectado a Internet producido por la compañía Qiui. Cuesta aproximadamente 150 euros y se define como «primer dispositivo de castidad controlado por una aplicación del mundo». Sobre el papel, su uso permite que la persona que lo lleva esté a merced de aquella que lo controla desde el móvil, que puede bloquearlo mediante bluetooth y estimular a distancia a la que lo lleva.

Pero la tecnología la carga el Diablo. Ahora, se ha conocido públicamente un caso real y llamativo de la mala experiencia que puede suponer que ciertos aparatos sean inteligentes. Un fallo de seguridad del dispositivo ha permitido a un hacker bloquearlo sin el consentimiento de su usuario y sin posibilidad de abrirlo uno mismo. Para siempre.

Un pirata informático tomó el control de varios cinturones de castidad inteligentes que se encontraban conectados a Internet y exigió que se pagara un rescate en Bitcoin para desbloquearlos. Como en las películas.

«Tu pene es mío ahora», le dijo mediante un mensaje de texto a una de las víctimas, según una captura de pantalla de la conversación obtenida por un investigador de seguridad.

Según su relato, y el de varias personas entrevistadas por Motherboard, el fabricante del cinturón de castidad, utilizado mucho en la comunidad BDSM, había dejado una API expuesta, dando la oportunidad de oro a los piratas informáticos malintencionados de coger el control de los dispositivos.

Una víctima que pidió ser identificada solo como Robert aseguró que recibió un mensaje de un pirata informático que exigía un pago de 0.02 Bitcoin (alrededor de 750 dólares) para desbloquear el dispositivo. Se dio cuenta de que su cinturón estaba definitivamente «cerrado» y que «no podía acceder a él».

«Ya no era el dueño del cinturón, así que no tenía control total sobre él», le dijo a Motherboard otra víctima que se hace llamar RJ, quien aseguró que recibió un mensaje del hacker, quien dijo que tenían el control del aparato y quería un pago para desbloquearlo.

Si el dicho popular dice que no debes ponerla en una olla, en 2020, debería decirse también que ni se te ocurra ponerlo en un dispositivo conectado a Internet porque puedes arrepentirte el resto de tu vida. Podría ocurrirte que, si usas un cinturón de castidad conectado, un hacker podría bloquearlo empleando un agujero de seguridad. Y se bloquearía para siempre.

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