El 'jefe' de la Hacienda catalana planta a la Generalitat y se va a la Agencia Tributaria española

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Desolación en la Generalitat. El futuro de la Hacienda catalana cambia de manos. Su principal diseñador, Joan Iglesias, ha decidido abandonar su cargo como director del programa "para la definición de un nuevo modelo de Administración Tributaria de Cataluña" y regresa a su plaza en la Agencia Tributaria del Estado. Los independentistas no se lo perdonarán.

El proyecto, una de las denominadas "estructuras de Estado" que durante el Gobierno de Artur Mas dependió directamente del Departamento de Presidencia, pasa ahora a estar controlado por el de Economía, liderado por el republicano Oriol Junqueras, que plantea acabar con los trabajos teóricos que representaba Iglesias y sacar el máximo partido a la gestión de los tributos propios, lo que da mayor recorrido a la Agencia Tributaria de Cataluña.

Un portavoz de Presidencia confirmó que Iglesias "ha pedido la reincorporación" a la agencia estatal, dependiente del Ministerio de Hacienda, y señaló que su marcha obedece a la finalización de los trabajos para los que recibió el encargo: el diseño para crear la futura Hacienda propia, una de las estructuras de Estado en las que trabajó el Gobierno de Artur Mas en vistas a una posible independencia. 

En tiempos de Mas, el desarrollo de la Hacienda catalana seguía dos caminos diferentes. Uno era el que dirigía Iglesias, un hombre de la máxima confianza de Francesc Homs. El otro era el que se dibujaba desde Economía, que recaía sobre Jordi Boixareu, responsable del programa de desarrollo de los tributos de Cataluña. Él asumirá ahora todos los trabajos.

El modelo más teórico que representa Iglesias no casa con la estrategia perseguida por Economía, que quiere más avances prácticos de la Agencia Tributaria de Cataluña, acordes con la proyección que le ofrece el marco autonómico. Aun así, señalaron que sí se pondrán en práctica algunas de sus ideas, como la creación de un consejo fiscal.

Para ello, el actual organismo tendría que ser capaz de asumir sus objetivos de inspecciones, que en 2014 fue incapaz de cumplir. La recaudación derivada de la lucha contra la economía sumergida cayó un 32% tras conseguir solo el 86% de las actuaciones programadas.

Asimismo, Junqueras se propone asumir uno de los trabajos más antipáticos, que consiste en el cobro de toda la morosidad con la Administración catalana, desde multas de tráfico hasta deudas con Hacienda. La Generalitat se encargaba hasta ahora de las pequeñas cantidades, pero no las grandes deudas que requieren embargos, cuyo cobro estaba subcontratado a la agencia estatal. Ningún gobierno antes se había decidido a hacerlo por la impopularidad de la medida.

El adiós de Iglesias es una pérdida importante. No en vano, ha sido un encendido defensor de la Hacienda Catalana, con un mensaje claro: la Hacienda propia se acabará consiguiendo "cuando lo decida el pueblo de Cataluña", en una clara alusión a la naturaleza política del conflicto, dando a entender la dificultad técnica que significaría sin ningún acuerdo previo con la Agencia estatal, que mantiene toda la información y el control sobre los grandes tributos que se cobran en la comunidad.

 

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