La CUP vota NO a Artur Mas: Cataluña convoca nuevas elecciones en marzo de 2016
Última actualizaciónLun, 30 Mar 2020 10pm

La CUP vota NO a Artur Mas: Cataluña convoca nuevas elecciones en marzo de 2016

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Fin a la legislatura más corta de la historia de Cataluña. La CUP ha decidido no dar su apoyo a la investidura a Artur Mas tras una apretada ronda de votaciones para deshacer el insólito empate de la Asamblea de Sabadell, que no fue capaz de resolver el durísimo debate interno de la formación antisistema. La decisión no permite la constitución de un nuevo Govern con el líder de CDC a la cabeza y aboca a unas nuevas elecciones autonómicas.

El resultado de la votación ha sido de 22 votos a favor de investir a Artur Mas, 38 en contra y 6 abstenciones. 

En total, han sido 68 los representantes de las agrupaciones territoriales y asociaciones que se han encargado de decidir el futuro político de Cataluña y del resto de España en los próximos meses. El consejo político debía resolver si la formación cedía dos votos al líder de Convergència a cambio de una ruptura exprés con el Estado o bien bloqueaba la reelección y precipitaba elecciones anticipadas en marzo.

Las dos preguntas críticas que se sometieron a votación, a mano alzada y con cartulinas naranjas y verdes, en la reunión pretendían trasladar a debate las dos opciones mayoritarias que se han instalado en el seno de la formación.

Por un lado, la negativa a la investidura de Mas, pregonada en todos los foros imaginables durante la campaña electoral que dio a la CUP el mejor resultado, diez diputados, tras su irrupción en la arena parlamentaria de la anterior legislatura con tres representantes.

Los miembros de la CUP son conscientes de que buena parte de su crecimiento en votos de la cita electoral del 27-S se debe al rechazo de una parte de los simpatizantes de ERC a la estrategia de Oriol Junqueras, que ha optado por apuntalar a Mas en el Govern pese a ser el líder de la oposición en contrapartida a su apoyo a a hoja de ruta hacia la independencia. La fuga de votos republicanos hacia las posturas radicales de la CUP es la misma que explica la división interna que sacude a la formación de izquierdas independentista.

Ceder a la investidura de Artur Mas, aunque fuera con un no crítico formulado de manera que suponga una cesión mínima in extremis de diputados en la segunda ronda del debate en el Parlament, podía desangrar la formación. Movimientos internos como Endavant han mostrado una gran beligerancia hacia cualquier tipo de acuerdo que implique dar la presidencia de la Generalitat al líder de Convergència Democràtica, el partido que ven como abanderado de la corrupción y los recortes.

El no a la investidura, por otra parte, amenaza con abrir también brecha en el partido asambleario, no sólo por el impacto de la fuerte presión mediática y política que reciben para que secunden la hoja de ruta independentista que ofrece Junts pel Sí, sino porque pueden servir así de coartada al parón en el procés que de manera inevitable desencadenaría su rechazo al candidato a presidir Cataluña.

Sin una alternativa a ocupar el puesto, ni margen ya temporal para ello, el 10 de enero se convocarían automáticamente nuevas elecciones autonómicas por imperativo legal, y el gobierno en funciones no llegaría a consolidarse, una condición imprescindible para dar cumplimiento al mandato del Parlament implícito en la declaración independentista que el Tribunal Constitucional ha anulado.

Con todo, la fórmula presentada a votación que supone el rechazo a Artur Mas se ha articulado de forma metafórica como una traslación del resultado de la asamblea de Sabadell, que se defendió como decisión «soberana»: la abstención como falta de acuerdo.

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