Desalojo de los okupas del Patio Maravillas: 4.500 cervezas, 50 botellas y toneladas de basura

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Libro serio ni uno. Partituras de música, tampoco. Material de laboratorio, ni rastro. Extraño tratánsoe supuestamente de un centro social.

Pero si 150 cajas de cerveza, que suponen unos 4.500 botellines (25 cl.); cerca de una decena de barriles, sumados a los ya recogidos el martes; y unas cincuenta botellas de alcohol, como ron y whisky, conforman parte del inventario de la limpieza que los propietarios del edificio ocupado por el Patio Maravillas (Divino Pastor, 9) han acometido tras su desalojo.

Como puntualiza I. Serrano Calleja en 'ABC' , una mudanza que, por cierto, ha sido a cuenta de los propios dueños.

Después de que los «okupas» se llevaran parte de sus pertenencias el día de su expulsión, especialmente muebles, ordenadores y ropa, ayer se hizo lo propio con lo que aún quedaba en el inmueble, referido especialmente al bar instalado; un local sin licencia del que sólo queda un suelo ennegrecido, alfrombrado de suciedad, tarjetas de visita y chapas de cerveza.

El acopio de objetos se encuentra en el depósito de la empresa que se ha encargado de la mudanza.

El Patio Maravillas fue expulsado el pasado martes del edificio apropiado en el barrio de Malasaña, de madrugada y sin incidentes ni detenidos. La ejecución del acta judicial, llevada a cabo por la Policía Nacional, fue la segunda en apenas dos meses, después de ser también desalojados del inmueble ocupado en la calle del Pez.

La celeridad dentro del colectivo «okupa» fue máxima, ya que se procedió inmediatamente a una nueva usurpación, a sólo 48 horas de la investidura de Manuela Carmena como alcaldesa de la capital.

Actualmente, el Patio está en negociaciones con el Ayuntamiento para la cesión de un nuevo espacio como sede, aunque avisa que «goza de legitimidad» para otra ocupación, de nuevo ilegal.

Siete horas, doce operarios y cuatro camiones completos de basura 

En total, se han necesitado siete horas, doce operarios y cuatro camiones completospara devolver el edificio a su estado original; algo imposible en principio porque hay paredes y suelos pintados con consignas, puertas reventadas, placas del falso techo colgando y pegatinas con mensajes feministas en todos los cuartos de baño.

El colmo, casi cómico: un retrete pegado al suelo con silicona en mitad de uno de los pasillos, periódico incluido. A unos metros, en el aseo, la abertura en el suelo confirma la rotura.

La huella de los «okupas» del Patio Maravillas se hace especialmente evidente en el garaje, donde estaba el bar -«espacio de socialización», según un cartel-; y en la cuarta planta, donde se adivina que hacían vida por la acumulación de basura (botellas y papeles) y porque en algunos cuartos de baño aún quedan cepillos de dientes, incluso electrónicos.

Algún peine y una chancla desparejada denotan, igualmente, las prisas con las que los «okupas» desalojaron el inmueble tras la intervención policial. Respecto a su consideración de la Policía, destaca un protocolo de actuación en caso de aparición, situado junto a la puerta del garaje, precisamente por donde accedieron.

«Nunca responder a la puerta», reza el cartel, escrito a mano y con faltas de ortografía.

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