Ser cristiano no está de moda; por Edgar Sánchez Agulló

Edgar Sánchez Agulló | Me hace muchísima gracia oír a todos esos progres de salón (los mismos que se jactan a todas horas y permanentemente de ser de izquierdas pero viven arropados por la Visa Oro y el abogado de papá) repudiar sistemáticamente y por costumbre todo aquello que les huela o tenga relación alguna con actos o liturgias derivadas de la religión cristiana. En los últimos tiempos, parece de lo más chic entre los titiriteros del sistema tildar todo lo relacionado con el catolicismo de arcaico, anticuado, caduco y, en algunos casos si me apuran, hasta mojigato. Reconocer nuestra cristiandad, hoy por hoy, parece que no viste. No es fashion. Expresar públicamente nuestra fe católica, no está de moda.

Paralelamente, resulta de lo más curioso que, esos mismos que señalan sin pudor y con las mismas ansias de revancha con la que los anarquistas del 36 saqueaban conventos a todo aquello que les huela a catolicismo por falso y caduco, no dudan un momento en ponerse del lado y expresar su más profundo respeto y comprensión hacia las manifestaciones de cualquiera de las otras creencias religiosas que conviven en nuestro país, ni que sea simplemente por abrazar eso tan socarrado ya y políticamente tan explotado de la propagandeada "alianza de civilizaciones". ¿Que los musulmanes piden terrenos municipales para desarrollar sus plegarias? "Tenemos que entender sus creencias"; ¿que van más allá e imponen que las niñas vayan con pañuelo al colegio, que se construyan mezquitas o incluso que se adapten los horarios laborales y penitenciarios de nuestro país a los bioritmos del Ramadán? "Es su religión y están en su derecho"; ¿que quieren organizar una matanza del cordero en un lugar público? "Así se sienten más integrados, hay que respetarlos".

Y A MÍ, ¿QUIÉN ME RESPETA EN MI PROPIA CASA? ¿Lo hace Wyoming cuando desde su programa bombardea constantemente todo lo que huela a Iglesia Católica? ¿Lo hacen las plumas más progres del sistema cuando caricaturizan al Santo Padre hasta límites insospechados? ¿Por qué no tienen el mismo valor en satirizar a algún Imán? ¿Quizás les entra el canguelo con el precedente de las caricaturas de Mahoma? Hoy, hemos llegado ya sinuosamente a un peligroso punto de no retorno en el que parece que ir a misa es poco menos que retrógrado y pasado de moda, pero, en cambio, asistir de motu propio a sesiones de cábala o abrazar el rito budista es estar en otra onda. ¿Pero que memez es esta? ¿De verdad no se dan cuenta? El nuestro, por tradición, por raíces y por cultura, le pese a quien le pese, es un país de profundas convicciones católicas; y eso, desafortunadamente para algunos, no pueden cambiarlo ni mil y un decretos plagados de rencor, odio y visos de Memoria Histórica.

Hace poco menos de cuatro años, el gobierno socialista, tan laico e impoluto como la corte de sus mediáticos titiriteros, se propuso aniquilar de un plumazo la aportación nacional de los ciudadanos a la Iglesia desde la Declaración de la Renta (eso sí, se sigue financiando hasta cotas insospechadas los cortos cinematográficos y las obras más soporíferas de los palmeros del "No a la guerra").. "Se van a enterar" se atrevieron a amenazar incluso entre bambalinas algunos ministros al clero. Y por supuesto que se enteraron: de un año para otro, la aportación de nuestros compatriotas, con la inclusión de la famosa casilla en la declaración, se multiplicó por siete.

Ya lo dijo el reputado estadista italiano Giuseppe Mazzini, hace algo más de un siglo: "Aquel que puede negar a Dios ante una noche estrellada, ante la sepultura de sus seres más queridos, ante el martirio, o es un gran infeliz o se trata de un gran culpable". En el caso de los correveidiles de la politizada y modernísima España laica, casi que en el todo o nada, lo apuesto todo a la segunda causa. Nación sin fe, nación sin rumbo. Que el Señor les acoja a todos bajo su infinito manto. Amén.

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