Última actualizaciónVie, 29 May 2020 7pm

Opinión | Sonia García

La pelea por el ascenso de fase en el ring de la decimoquinta prórroga

pedro sanchez virus

El debate gira en torno a los cambios de fase de cada respectiva Comunidad Autónoma. Las comunidades pelean contra el Gobierno a base de informes para ascender de fase y así poder adquirir mayor “libertad”, pero pese a adquirir mayor libertad con cada fase, la verdadera limitación se halla en que el mando único todavía reside en un Gobierno que parece echar a suertes cada decisión que toma.

La Comunidad de Madrid atiza la negativa del Gobierno con informes que demuestran que sí está preparada para trepar a un eslabón superior dentro de esta usurpación de la soberanía popular. De manera similar, la Comunidad Valenciana presentó un informe utópico lleno de sueños y deseos más que de una realidad verdaderamente preparada para pasar a la fase uno. Es cierto que Sanidad le dio un primer visto bueno que después rectificaría. Los negocios y los valencianos estaban en la línea de salida esperando escuchar el escopetazo para comenzar la carrera. Se posicionaron porque Sanidad les dio una esperanza, les dejó contar hasta uno y hasta dos, pero en lugar de un tres se anuló la carrera. Miles de autónomos del sector de la hostelería ya habían llenado sus neveras e incluso era habitual ver en los negocios a trabajadores preparando todo. El primer error del Gobierno fue ocultar que el coronavirus iba a adentrarse en nuestro país y permitir que miles de valencianos se reunieran a las 14:00 en la plaza del Ayuntamiento para ver la mascletá. El segundo error ha sido dar falsas esperanzas, pero se ha destapado el por qué y la cosa es seria. Ximo Puig y Ana Barceló fueron engañados, pero ellos también engañaron a todos los valencianos pues preferían transmitir confianza en lugar de mostrar la realidad en la que al 98% de los casos sospechosos de coronavirus no se les hace el test. Puig y Barceló estarían al corriente de esto y no tomaron medidas al respecto. Aunque recurran a que “eso no nos lo habían dicho”, es de sentido común. El tercer error, por lo tanto, pertenece a la propia Comunidad Valenciana. Si asumimos que la Comunidad Valenciana no estaba preparada, ¿Qué ha cambiado en una semana? Nada. Es una prueba del sinsentido de las decisiones del Gobierno dónde parece que el amiguismo sí que influye sobre todo para favorecer al País Vasco aún teniendo más casos sospechosos que la Comunidad Valenciana. Ana Barceló es muy ambiciosa y sin haber pasado a la fase uno ya pretende trepar a la fase 2.

Los errores garrafales del Gobierno parecen importarles bien poco a la mayoría de los españoles y el panorama político actual muestra que a las Comunidades Autónomas lo único que le preocupa es proteger su economía y adquirir un pedacito de libertad ascendiendo de fase para defender este objetivo. La preocupación que debería situarse en un primer plano, junto a la protección de la economía, es que el mando único permanezca en la persona responsable de que múltiples informes califiquen a España como el país que peor ha gestionado la epidemia. La oposición deja de tender la mano al Gobierno, pero no mucho. Saben que existen otras leyes sanitarias que permiten un desarrollo efectivo de la desescalada y aún así el PP decidió en la prórroga del estado de alarma en lugar de votar en contra, queda pendiente su próxima votación el próximo martes. Todo dependerá del PNV, que seguro que mostrará su apoyo por el comentado amiguismo, y de la formación naranja que se ha llevado un golpe que todos veíamos venir, menos ellos. Ciudadanos es como la mujer humillada que vuelve una y otra vez a su acosador. Si bien es necesario una posición central en el espectro ideológico tan dividido y cada vez más extremista, también es necesario que ese centro abra los ojos para ver que no siempre debe tender su mano a ambos lados.


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