Opinión | Ramiro Grau

Los becarios, del contrato de trabajo a la esclavitud

 becarios

En este mismo momento, varios cientos de miles de jóvenes españoles están trabajando en empresas y despachos profesionales, pero oficialmente no son trabajadores, sino “becarios”, en la mayoría de los casos, falsos becarios.

Algunas empresas les dan de alta como becarios, y aportan una cotización simbólica a la seguridad social, pero en la mayoría de los casos, ni eso.

Cobran lo que la empresa o profesional correspondiente les quiera dar, pagar o gratificar, pero sin sueldo alguno.

Para empezar, ni siquiera tienen derecho a vacaciones, ya que se entiende que no son propiamente trabajadores, sino “esclavos”, es decir, no tienen derechos. Solo obligaciones, deberes y responsabilidades.

Don Manuel Alonso Olea escribió un libro memorable, “De la servidumbre al contrato de trabajo”, donde magistralmente narraba el camino entre la esclavitud, los criados, etc., hasta la consecución del contrato de trabajo, como contrato sinalagmático, que confería derechos y deberes a ambas partes, todo ello complementado por la acción de los sindicatos, dada la desigualdad de armas entre las partes…

Esos mismos sindicatos que en España nos han salido ranas, y es una pena, pues los sindicatos son cada día más necesarios, pues aquí ya casi no quedan trabajadores, y cada vez hay más “esclavos laborales”.

En la época franquista, tan injustamente denostada en la actualidad, existía la figura del aprendiz, que era el joven sin cualificación, que se incorporaba al mercado laboral, básicamente para aprender, y que por tanto sus derechos y retribución eran mínimos…, pero existían.

Posteriormente y con el estatuto de los trabajadores, se desarrolló la normativa en forma reglamentaria, estableciéndose por real decreto los contratos en prácticas y para la formación, previa cumplimiento de determinados requisitos, con una duración temporal, solamente durante algunos años después de obtener la titulación correspondiente, etc.

Pero como los empresarios son muy inteligentes, las cosas como son, y ese tránsito a la vida laboral se ve impedido, o por lo menos dificultado, por la total falta de práctica profesional, la normativa de las diversas carreras, grados de formación profesional, etc., establecieron la obligatoriedad de realizar una especie de pasantías en las empresas y despachos, como prácticas curriculares, extracurriculares o medio pensionistas…, y ahí empezó el fraude.

Yo solo falta que los grandes despachos de abogados, consultoras, etc., consigan librarse de la exigencia de controlar los horarios de su personal técnico, para que puedan estar haciendo 12 o 14 horas diarias, por un módico estipendio, una auténtica limosna, que escasamente les permite pagar una habitación en una gran ciudad…

Lo de comer y vestirse ya es otra cosa, pues eso son vicios, y como tales deben ser abonados por los padres de los “becarios”. Si pueden; y si no pueden, que se jodan, que no todos somos iguales, ni mucho menos.

Mientras tanto Pedro Sánchez y su troupe siguen a lo suyo, deshojando la margarita, para ver si habrá o no nuevas elecciones, y pasando de todo.

Al fin y al cabo, ellos no están en el gobierno para solucionar problemas, sino para crearlos.

Ramiro Grau. 
Abogado, Profesor Universitario de Derecho y Académico de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España.
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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