Opinión | Ramiro Grau

Ibercaja me maltrata

 ibercaja

Más de cuarenta años como cliente de Ibercaja, antes Caja de Ahorros, y ahora Banco, creo me autorizan a expresar en público y en privado mi malestar por el trato, cada día peor, que se da a los clientes “históricos”, que vamos camino de la muerte. ¡Y el banco, a este paso, también! (Aunque en el caso de las personas jurídicas, no mueren: simplemente se integran en otro mayor, que todavía machacará más a los clientes, y sino, al tiempo).

El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define, en su acepción primera, el maltrato como la acción de “Tratar con desconsideración a una persona…”. 

Y la acepción segunda habla de “Tratar de forma brusca, descuidada o desconsiderada”.

Cualquiera de los dos supuestos puede ser aplicable al caso que nos ocupa.

Por desgracia no soy un caso raro o único, sino que es el trato habitual, actual, a los clientes “de toda la vida” de Ibercaja, según escucho en el bar dónde tomo café casi todas las mañanas, en la calle Doce de Octubre de San José, pues yo soy de comprar en las tiendas de barrio, dónde encuentro la cercanía y el trato afectuoso y personal que echo en falta en ese banco, y en todos…

(Hace poco estuve en una oficina del Santander, en el Paseo de la Independencia, para pagar unas tasas del gobierno regional. Tuve que pedir un número, en un ordenador, y esperar media hora a que la única cajera que había me atendiera, pues la sucursal estaba llena. Había montones de empleados en una especie de despachitos, separados con unas mamparas de cristal, dedicados a no se qué. En la caja había tres puestos de trabajo, creo recordar, pero una sola persona atendiendo a los clientes. Y es que los clientes, por lo visto, no tenemos ninguna importancia…).

Pero mal de muchos, consuelo de tontos…

Precisamente por eso no soy cliente de ninguno de esos grandes bancos, y prefiero el trato cercano de una sucursal pequeña, de barrio, dónde en teoría te conocen, y te atienden como mereces… ¡Pues va a ser que no!

Leo en la prensa que los representantes sindicales de los empleados de Ibercaja están negociando su nuevo convenio colectivo.

Les deseo lo mejor, por supuesto, en la seguridad de que lo mejor para ellos será lo peor para los clientes…

De cualquier forma, creo deberían crear una mesa paralela para negociar al tiempo, con el consiguiente ahorro de costes, los nuevos expedientes de regulación de empleo que ponto tendrán que aplican, si siguen tratando a patadas a sus clientes, muchos de los cuales pronto seremos ex clientes.

(Por supuesto, guardo un cariñoso recuerdo hacia aquellos directores e interventores de la época de la caja de ahorros, que te atendían con una humanidad, cercanía, y hasta afecto, que está ya lejos, muy lejos, del trato actual de los que ocupan esos cargos. No tenían licenciaturas, ni masters…, ni falta que les hacía).

Acabo de recibir una carta del “Servicio de Atención al Cliente de IBERCAJA BANCO”, y recalcan lo de banco, no vayamos a pensar los ingenuos clientes que seguimos siendo clientes de una caja de ahorros.

¿No podrían buscar un nombre más correcto, por lo menos en mi caso, por ejemplo, “Servicio de Maltrato al Cliente”?

Veremos que dice el Banco de España

Y, en su caso, siempre nos quedarán todos los demás bancos, presenciales y digitales.

Ramiro Grau. Abogado, Profesor Universitario de Derecho y Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España.
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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