¿Qué le pasa al PDECat?

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La tendencia a dispararse tiros en el pie es propia del sobe­ranismo. Hubo un tiempo en que era práctica recurrente en ERC, donde existía una voracidad saturniana por devorar a los propios y los errores estratégicos se acumu­laban. Hoy, esa incapacidad de mostrar una estrategia definida, sumada al ­gusto por complicarse la vida, empieza a ser la característica del nuevo partido surgido de las cenizas de Conver­gència.

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El Hundimiento

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Lo más grave de sentar en el banquillo a la presidenta del Parlament, es decir, a la más alta representante del pueblo catalán, y hacerlo, no porque haya cometido un delito, sino como burda forma de represión política, lo más grave, decía, es el silencio de los buenos. La democracia española se hunde en su propio charco, y no se avistan vigías en las torres de la política, de la inteligencia, de la sociedad, que avisen del hundimiento. El Estado español usa sus mecanismos para destruir judicialmente a los líderes catalanes, pero lo que está haciendo es destruir la democracia.

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Diálogo

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No hay nada más habitual –y más perverso– en política que la transfiguración del lenguaje. Aunque, teóricamente, la política es un ejercicio de servicio público y, por ello mismo, está sometido a dos conceptos simbióticos, la transparencia y la confianza, lo cierto es que tiende al transformismo con pasión de drag queen. Y no hay nada más eficaz para maquillar las falsas promesas, las intenciones ocultas, la propaganda vacua y la demagogia que reinventar el lenguaje. Es así como nacen los eufemismos y, por ejemplo, ante la plaga de "imputados" aparecen los "investigados" y donde hubo sapos indigeribles, llegan las palabras con bótox, no fuera caso que pareciera que hacen lo que parece que hacen. El dominio del lenguaje es fundamental para el dominio del poder, y por ello, cuantas más trampas políticas, más malabarismos gramaticales. Todo político serpenteante necesita ser un gran prestidigitador del idioma.

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The winner

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And the winner is ...", y aparece Rajoy. ¿Es un chiste, un avión, Superman? Ciertamente, algo de Superman debe tener un político sin carisma ni exceso de cultura y menos de ingenio que consigue retornar a la Moncloa, cual culo di ferro de la política española. Nadie pareció más ineficaz en el ejercicio del poder y, al tiempo, nadie es más eficaz en el arte de mantenerlo. Es cierto que el mérito de uno es el demérito de otros, atrapados los opositores en el bucle de sus miserias, pero hay que reconocer que lo de Rajoy es un milagro bíblico. O un castigo ídem.

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Ridículo monumental

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Vistas las últimas iniciativas filológico-feministas, estoy por pedir que todos los aspirantes a cargo público vayan a alguna clase de la filóloga Carme ­Junyent, a ver si consiguen evitar el ridículo. Especialmente aquellos aguerridos militantes de las nuevas formaciones políticas, cuya iluminación ideológica los lleva a un excitado revisionismo. Como mi colega de página, divino Quim Monzó, ya escribió al respecto –en su caso, a raíz de la iniciativa del Ayuntamiento de Sabadell, que rebautiza la plaza dels Avis como plaza de les Àvies i els Avis, no fuera caso que el genérico no fuera genérico–, me limitaré a sumarme a la lista de terrícolas que estamos hasta los mismísimos de tanta tontería en nombre de la igualdad de género.

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Ese olor a rancio

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Aunque siempre existe el riesgo de publicar un artículo desfasado, porque los acontecimientos van más rápidos que la impresión, en el caso de la crisis del PSOE el riesgo viaja a velocidad cósmica. Todo cambia al minuto y el juego sucio, la puñalada trapera y el resto de finos sustantivos del verbo conspirar se acumulan con tal celeridad que el titular de ahora mismo puede haber cambiado al final del ar­tículo. Con lo cual, si este texto pasa a mejor vida antes de nacer, habrá que pedir indulgencia.

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El comodín separatista

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Juan de la Cierva, ministro de Gobernación con Maura, explica en sus memorias (redactadas en Biarritz durante su exilio de 1931) que el Gobierno español colocó la etiqueta de "separatista" a la revuelta de la Setmana Tràgica para cortar de raíz la simpatía que aquel ­alzamiento contra la guerra de Melilla podía despertar en movimientos, ­sindicatos y partidos de izquierdas. La cita es textual: "Si el resto de España creía que el movimiento era separatista, ­bastaría para que el patriotismo se impusiera a todas las otras aspiraciones y pasiones. Y acerté, porque la prensa de izquierdas de todo el país puso freno a sus campañas y tan sólo se pensó en la necesidad de combatir aquel criminal intento". Así fue, y Catalunya se quedó sola, tanto durante la revuelta como después, cuando la represión provocó centenares de detenidos, exilios for­zados y sentencias de muerte, como la que se aplicó, a pesar de la protesta ­internacional, al pedagogo Francesc Ferrer i Guàrdia.

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