Opinión | Pilar Enjamio

El daño de videojuegos y adicción al sexo en internet

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Cada vez son más los jóvenes obsesionados con los videojuegos y lo que consideran un relax pasajero se vuelve en una necesidad más y más hasta convertirlo en prioridad. De ahí el paso a la dependencia está cerca.

Hay un cambio en el carácter que se extrapola del juego a la vida cotidiana. Todo ello se traduce en un aumento agresividad y ansiedad mientras no se juega de nuevo. Es como la ludopatía, da igual haya pérdidas o no porque afecta psíquicamente.

El equilibrio es la base. Si tomas dos o tres piezas fruta no pasa nada, pero si tomas diez si afectarán a tu estómago y a tu organismo total.

Desde edades tempranas, niños con cierta timidez en el juego son los héroes que baten al enemigo y lo peor es que, más adelante esta agresividad y violencia, se muda a la vida real y a menudo creando niños con síndrome emperador con uso de armas blancas inclusive.

A la larga se comprobó en muchos casos genera psicosis al confundir su identidad real con la imaginaria. También la inicial exploración de sexo virtual se transforma en una adicción de difícil pronóstico si no se acude a terapia. Jamás lo ficticio podrá sustituir el sexo real y con sentimiento.

Si existen problemas relacionales, de integración a la sociedad y baja autoestima se solucionan y se vence el miedo a la conquista real. También personas con pareja que no se atreven a romper relaciones de infelicidad tapian su amargura con sexo a través de la red hasta encontrarse en un callejón sin salida y una ansiedad y desequilibrio psíquico magnificado –Dos problemas, desamor de pareja y dependencia a lo que en instantes llena o cree llena un vacío. No lo llena, lo aumenta ese vacío, ese caos afectivo y psíquico.

Nosotros tenemos el control de situaciones justo para no llegar al límite de lo que en principio parece saludable y daña, daña enormemente. Las vicisitudes diarias, es cierto, las frustraciones, desengaños hacen tomar el camino más fácil palíe la ansiedad y el desencanto.

Inicialmente no es problema mientras no se convierta en la única y principal razón en la vida.

Pilar Enjamio. Psicólogo
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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