Opinión | Pilar Enjamio

Silvia Hernández, cuando la justicia oculta un asesinato

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Silvia Hernández, 34 años, hace dos años murió por las lesiones causadas por un cuchillo de cocina. Una de las puñaladas llegó al pulmón, otra al estómago y sin auxiliarla nadie ni acudir a ningún hospital donde sí podría salvarse su vida. Su pareja, mayor que ella, entró y salió de la casa como si no hubiese pasado nada.

Vergonzoso el hecho de que Silvia haya llamado al 112 unas seis veces en esos instantes en que supuestamente era agredida por su pareja y preguntaba por Vodafone porque alguien le impedía hablar de la agresión estaba sufriendo. No hicieron caso.

Las heridas y raspones en brazos y mentón además de un dedo cortado nos hablan de autodefensa de la víctima. Es sangrante la actitud de convertir a la víctima en culpable y al verdugo en héroe.

Horas antes la joven llamó a su abuela asustada y diciendo su pareja la iba a matar. Relación altamente tóxica, patológica, con discusiones y enfrentamientos continuos. Sus familiares, su madre, su padre, recuerdan que las escasas veces que le permitía verlos quedando a cenar había un control absoluto llamándola por teléfono de forma continua impidiéndole disfrutar de la compañía familiar, enfriándose la cena y sin apenas comunicarse con su entorno.

Celotipia enfermiza, carcelero, violencia, destrucción de la autoestima de Silvia que había perdido la ilusión y las motivaciones de antaño, de una mujer muy bella, que tocaba el piano y respiraba aire y libertad. Su vida era estar en casa viendo la televisión, muchas veces en cama, vida sedentaria con el consecuente aumento de peso y descuido por su cuidado personal de maquillaje, ropa bonita. O acaso obligada por un monstruo la condujo a la infelicidad, la aniquilación y la muerte.

Llena de vida y con tantas y tantas cosas que hacer en la vida pero un fatídico día segaron su vida en el bajo izquierda del número tres de la calle Carpinteros, ese lugar donde eran habituales los gritos y peleas y la intervención policial. Celestino salió en libertad por un jurado popular ineficaz e inexperto e inhumano y manipulable.

La Fiscalía recurre la sentencia al haber claros indicios de intencionalidad de matar. Enmascarar un posible asesinato como algo accidental o como un suicidio es algo ilógico y descabellado y carente de toda ética y por supuesto dista mucho de la justicia que se merece una víctima y la dignidad de su memoria. Es de JUSTICIA Y LÓGICA LA REPETICIÓN DE UN JUICIO. Algo muy grave añadido y es no auxiliar a una mujer ni llevarla a ningún hospital dejándola sufrir hasta su muerte en un domicilio lo cual nos demuestra una vez más intencionalidad de matar.

Decir que en una pelea se cayó y el cuchillo se le clavó en el abdomen y en una segunda caída en el pulmón es de una ingenuidad absoluta y si lo afirma el abogado de Celestino nos habla de una catadura moral muy baja.

Su familia no se recupera de semejante atrocidad. Isaura, su madre, está con tratamiento médico y sólo le motiva la lucha por el respeto se merece su hija y por una justicia justa que no han tenido. Su padre, Javier saca fuerza y coraje.

Esta asignatura pendiente está pendiente de examen.

Pilar Enjamio. Psicólogo
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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