Opinión | Pilar Enjamio

David Abellán sigue vivo en su hijo y en sus padres

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Es una verdad de una nitidez tan absoluta lo que significa el título de este artículo dedicado a un padre coraje, David Abellán Belmonte, que amaba a su bebé profundamente y que luchó como un titán ante el cáncer cerebral le diagnosticaron. Le dijo a sus padres, Juan Antonio y Cristina, le diesen a su niño todo el amor que él ya no podría darle. Sería su ángel desde Arriba pero ese beso, ese abrazo, esa caricia con alma, sólo sería posible con sus abuelos.

Hace poco iniciaron el camino de Santiago hasta Compostela para pedirle al santo que les haga ese pequeño milagro de ver crecer a su nieto, que acaba de cumplir un año y cumplir lo prometido a su hijo David de protegerle, amarle, que crezca en la armonía de una familia, tanto paterna como materna.

Además es a la vez un derecho y un deber incuestionables e irrenunciables. Un hijo no es un muñeco ni un capricho ni debe estar en medio de egoísmos de terceros porque no ha nacido de la nada sino que ha nacido de dos seres se amaban. La fuerza y lucha de David hasta en el último instante, afectada el habla y paralizado mitad de su cuerpo y, al no traerle a su bebé a Murcia, donde recibía quimioterapia y radioterapia, sin apenas fuerzas se trasladó a Cádiz para abrazar a su hijo sabiendo sería la última vez.

Días después se fue. En cada una de las bellísimas imágenes de David con su hijo se ve la paz y enorme amor transmitía a un ser tan indefenso y pequeñito. Sabía que era alguien muy suyo, de su sangre en una simbiosis y conexión con quien te da la vida y a quién das la vida. Eso es alma, espiritualidad y nada ni nadie puede destruirlo.

La figura de los abuelos es trascendente e imprescindible, es un bastón que te sostiene en momentos malos y se ríe contigo y con tus sonrisas diciendo adelante, no tengas miedo, no pasa nada, yo lo he vivido como tu hace tiempo, mucho tiempo pero estoy aquí contigo para acompañarte. 

No se puede negar a Juan Antonio Abellán y a Cristina Belmonte la mejor terapia ante la pérdida insuperable de un hijo que es a través de su nieto recordar a su hijo de niño chico. Cada vez abrazan a ese bello bebé abrazan a su vez a su hijo, parte tan importante en la vida de ambos y, precisamente porque en cada abrazo va el alma entera y David Abellán vuelve a la vida en imágenes, recuerdos y en puro amor, lo que olvida todo y mueve el universo.

Pilar Enjamio. Psicólogo
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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