Y usted, Pedro Sánchez, ¿se pondrá la vacuna?

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Sinceramente, yo, al igual que cientos y cientos de españoles, ya no me creo nada. Sí me creo que el virus existe, ¡claro que existe! Hubo un colapso de nuestro sistema sanitario en la primera ola de la pandemia; pero, ¿de verdad nos vamos a tragar que es fiable la vacuna que nos quieren inyectar a un vasto número de la población?

Hace algunos meses escuchábamos que, para que una vacuna resultara viable, se necesitaban años de investigación y de fases probatorias. No solo ya para dar con un resultado satisfactorio del virus debilitado, sino también para conocer los efectos secundarios sobre el individuo testado. Durante las últimas semanas, estos años se han transformado en dos, y, que baje Dios y lo desmienta, si ahora esos dos años no nos los han cambiado por meses: ¿que para enero ya vamos a tener la vacuna y España va a ser uno de los primeros países de Europa en inyectársela a su población? ¡Qué pánico!

Que no, que esto de que la vacuna se presente como segura no se lo cree nadie y, menos aún, que el jefe del Ejecutivo se la va a poner. Si nuestro querido Presidente saliera en directo por televisión (una vez más, por si no le vimos poco, desde nuestras casas, allá por marzo-abril) inyectándose la dosis, que no engañe a nadie: se trata de un cocktail de vitaminas o de cualquier otra vacuna de toda la vida.

No sé de medicina, no sé de virología, solo sé, como ciudadana con cierto criterio e informada, que las declaraciones contradictorias llegadas desde el Gobierno durante los últimos meses, me generan de todo, menos confianza en esta vacuna.

Otro escalofrío recorre mi cuerpo cuando nos explican el orden de prelación para vacunar: que si primero a los mayores de las residencias, al personal sanitario, al resto de mayores, y luego a los que quedemos. Si creyera en las conspiraciones masónicas, sin duda esta sería la ocasión para confirmar todas las paranoias de disminución de la población mundial. Pensamiento refrendado por las supuestas y, a mi juicio despreciables declaraciones, de la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, cuando decía que “los ancianos viven demasiado y es un riesgo para la economía mundial. Tenemos que hacer algo y ya”.

Hoy, desde Sanidad han confirmado la disminución de contagios por coronavirus. ¿Nos habrán comunicado ahora esta información por la cercanía a un periodo de gasto, el de salir a comprar los regalos de Navidad? Si nos juntamos familias enteras a cenar en diciembre, ¿luego llegará la tercera ola y será tan grave que habrá que imponer por ley la vacunación contra la Covid-19? ¿Será infinita la vigencia del Estado de alarma?

Ojalá esta crónica de muerte anunciada nos permitiera abrir los ojos y discriminar las mentiras de las menos verdades. Quien sabe, este pensamiento crítico podría salvarnos en 2021 de rápidas e inconscientes decisiones de los políticos.

Señor Sánchez, siento comunicarle que ni nos creemos su vacuna ni que usted se la vaya a poner.


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