El 1984 de 2019

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Decía George Orwell en su aclamadísima novela que “en una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”. Aunque el término ‘revolucionario’ poco casa con el ideario de este periódico, lo cierto es que MEDITERRÁNEO DIGITAL se ha convertido en la verdadera Revolución del periodismo libre en España. Por ello y en honor a la Verdad, ha llegado el momento de levantar las cartas a nuestros lectores. Es necesario que sean conocedores de las innumerables batallas que se han librado desde la Redacción de esta Casa, precisamente para ‘librarse’ de la censura del sistema. Sin duda, es hora de echar un pulso a la dictadura de lo políticamente correcto. ¡Agarren bien sus dispositivos móviles! Les prometo que lo que van a leer, arqueará, cuanto menos, alguna de sus cejas. Bienvenidos al Cuento del 1984 de 2019.

Érase una vez un valiente catalán que decidió con un ordenador y unas ganas inmensas de hacer frente al separatismo fundar un periódico digital un 31 de octubre de 2010. Eran los años en que Internet empezaba a hacer mella en todos y cada uno de los negocios que, o se adaptaban, o el tiempo ya ha demostrado que perecerían. La prensa no fue menos. El paso de los años, y junto a ellos, de consecutivos gobiernos autonómicos y centrales muy permisivos, el adoctrinamiento comenzó a hacer mella en la clase política, en las instituciones y hasta en las escuelas. Tal fue la exaltación independentista inculcada a la sociedad civil que hasta los representantes políticos se creyeron con potestad para saltarse su propio Estatuto autonómico y, con él, la Constitución española. El Parlamento catalán ya no enarbolaba la bandera de tres franjas, siendo la franja amarilla el doble que las dos rojas, sino una a la que, además de dichos colores, se selló con un triángulo estrellado.

Los que se autodenominaban demócratas en dicha región española, comenzaron a señalar con el dedo a los periódicos que no secundaban sus opiniones. La consecuencia fue muy contundente: los grupos subversivos, en su mayoría conformados por personas jóvenes y, por ende, con el cerebro más lavado que el de Alex DeLarge en La Naranja Mecánica, comenzaron a intimidar con violencia a todos los que no seguían el adoctrinamiento separatista. Sumándose a las agresiones físicas, la amenaza de la autodeterminación se hizo cada vez más viable. Consecuentemente, el diario digital nacido a orillas del Mediterráneo decidió trasladarse a la capital del país para ser más útil vivo que muerto heroicamente.

La batalla no concluyó ahí, sólo había comenzado. Con el paso del tiempo y de la expansión del mundo tecnológico, los ciudadanos comenzaron a sospechar que lo que les contaba el sistema no era toda la Verdad y decidieron informarse por redes sociales. Justo al inicio de la que se conoció como la Gran Campaña Electoral, donde se votaba al líder municipal, al autonómico, al nacional y al europeo, la red social capitaneada por Mark Zuckerberg cerró decenas de páginas (‘Unidad Nacional Española’, ‘Todos contra Podemos’ o ‘Lucha por España’). Grupos que sumaban cerca de 2 millones de seguidores y que, casualmente, se posicionaban a favor del primer partido conservador nacido en Democracia. Así, de golpe y porrazo cual ficción distópica, se consideraron innecesarias dichas páginas a favor de España, naciendo un auténtico Ministerio de la Verdad orwelliano, donde todo eran mentiras.

Lo peor estaba por llegar. Con un gobierno socialista que se instaló en el poder cual rey visigodo, cargándose a su antecesor con la confianza de antisistemas e independentistas en lugar de la aquiescencia del pueblo, se dispuso al zorro a cuidar de las gallinas. Facebook decidió que los encargados de verificar las noticias falsas serían Maldita.es, surgida de La Sexta, y Newtral, liderado por Ana Pastor, la señora de Ferreras.

El Gran Hermano había llegado para quedarse. Facebook mermó al 1%, por no hacerlo tan evidente, el alcance de las páginas oficiales de digitales que, como el nuestro, no casaban precisamente con la ideología progre. ¡Un cuasi-cierre acometido durante la campaña electoral, periodo en que los ciudadanos tenían el derecho a informarse de todas las opciones políticas! ¿Sabían que no leyeron todas las noticias que podrían haber significado un cambio en el sentido de su voto?

No contentos con cortar las alas, decidieron atacar al cuello. Así, acusaron de falsas informaciones que hasta su propio líder, el aun presidente del Gobierno en funciones, confirmaba días más tarde. Con las manos en la cabeza, los supuestamente defensores de la Verdad tildaron a nuestro medio de machista, cuando nuestro equipo está conformado en vasta mayoría por mujeres. Tildaron, y lo siguen haciendo, a nuestro periódico de homófobo, cuando contamos con personas de todas las preferencias sexuales públicamente reconocidas. Tildaron a nuestro digital de racista, cuando somos de los pocos que tenemos a extranjeros que se sienten muy españoles entre nuestras filas. ¡Y hasta persiguieron a nuestro director durante meses para hacerle ‘admitir’ que utilizaba la neurociencia para adoctrinar a nuestros lectores! La necedad no tiene límites.

Colorín, colorado, este cuento no ha acabado. Como acertadamente señaló Orwell: “el patriotismo es normalmente más fuerte que el odio de clases y siempre más fuerte que el internacionalismo”. Con nuestra propia jerga que tan bien identifican y sienten como suya nuestros lectores, con nuestra propia forma de dar las noticias y, sobre todo, con nuestros incorruptibles valores, seguiremos siendo el reducto rebelde y patriótico del Periodismo en España. Estamos muy orgullosos de ser “el chiste picante” que provoca “la rebelión mental”. Seremos el 1984 de 2019.

Patricia Sanz [@patriciasanzlo]

Madrileña y abogada experta en fiscalidad internacional. Redactora jefe de MEDITERRÁNEO DIGITAL.

Ha sido jefa de redacción de La Esfera Digital, colaborado en los informativos de Cadena COPE y formado parte del Gabinete de Prensa de la Comisión Europea.

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