Good bye, Franco

bandera espana

Hoy hace exactamente un año falleció mi abuela materna y, con ella, una pequeña parte de mí pero también de la Historia de España, como la terrible guerra entre hermanos que tanto hizo sufrir a los hoy nonagenarios de uno y otro bando. Sitiada en el Santuario de la Virgen de la Cabeza por los que entonces llamaban rojos, mi abuela vio allí morir a un hermano de sed, vivió durante meses sin apenas agua ni comida y se salvó gracias a la ayuda del Capitán Cortés y a los víveres del Capitán Haya, sí, ese cuyo nombre quisieron borrar de una calle de nuestra capital. Pero, ¿quién de nuestros lectores millennials y padres de los mismos no ha escuchado más de una vez a sus antepasados un recuerdo similar, fuera del bando que fuera? ¿Triste, verdad?

Esta es la causa por la que no puedo parar de preguntarme, ¿qué estará pensando desde el Cielo mi familiar al observar que por fin hemos parido de unas elecciones democráticas el ansiado pluripartidismo pero que sus líderes son incapaces de ponerse de acuerdo para gobernar? Pena que las válvulas de su radio de los 50 se fundieran desprevenidamente por el cambio de potencia en su hogar, pues, de seguir viva, lo más sencillo hubiera sido sintonizarla y recrear una realidad paralela a lo Good Bye, Lenin, pero, en su caso, con Franco. Pues no señores, ¡estamos en el 2019 y como ciudadanos que nos atrevimos a huir del bipartidismo en los pasados comicios, tenemos derecho a que la máquina estatal siga funcionando! ¡Así lo hemos votado!

En una realidad política en la que todo se polariza, tanto en clave nacional, europea como mundial, soy cada vez más de las que piensa que no todo es tan blanco ni tan negro. Y no hace falta irse a conceptos complejos de Política o Economía, donde vemos cómo los nacionalismos y atentados resurgen para romper estados y organizaciones supranacionales o cómo Trump y Xi Jinping mantienen en vilo al comercio internacional. Basta con fijarse en los pequeños detalles de cada día. Cojamos como muestra un botón, y qué mejor que de la camisa de nuestros políticos, esos que no dejan avanzar a nuestra Democracia. De un lado, tenemos al líder de la izquierda alojándose en un espacioso chalet en Galapagar o a Garzón gastándose un pastizal en su boda. De otro, al cabeza del centro-derecha viviendo como padre soltero o al presidente de la extrema derecha (o de extrema necesidad, como se hacen llamar ellos) por su segundo matrimonio. Sinceramente, mientras no se den lecciones de moralidad en un sentido y luego se actúe de otro, ¡no pasa nada! Toda persona tiene derecho a mejorar su posición social fruto de un trabajo honrado, a gastar su dinero en lo que le de la real gana siempre que sea moral y, por supuesto, a encontrar la felicidad con una segunda persona, sin importar lo que dicten los cánones sociales en cuanto a sexo, edad, origen o religión se refiera.

Si en sus vidas privadas se muestran tan abiertos en evolucionar a caminos casi opuestos a los que sus políticas proclaman, ¿por qué no amplían un poquito más sus horizontes para no embaucarnos hacia unos segundos y costosos comicios? La característica idiosincrasia española de seguir a un solo líder ha llegado a su fin. Para una buena parte de los españoles, la totalidad de su pensamiento ya no se ve representada bajo un solo color. Y si no, que se lo pregunten a los candidatos a la Presidencia del Gobierno en las pasadas elecciones generales, quienes realizaron lamentables intervenciones en televisión para granjearse ese 30% de votantes indecisos a tan sólo 6 días de acudir a las urnas. Que si tirándose tesis supuestamente plagiadas, regalándose libros de los grandes ausentes en los encuentros o interrumpiéndose cual patio de colegio. Ahora más que nunca ha llegado el momento de los pactos, de demostrarnos que somos una Democracia avanzada.

El discurso de rojos y fachas se rebela caduco en el contexto actual. Para que ningún mandatario extranjero deba indicarnos dónde sentarnos, hemos primero de unir fuerzas dentro del ruedo. Ojalá nuestros partidos políticos sean estandarte del entendimiento y aparquen los viejos fantasmas que tanto hicieron sufrir a nuestros abuelos. Ojalá nuestros representantes lleguen tan sólo un poquito más allá de la suela de los zapatos que calzaron los políticos de nuestra Transición y vuelvan a dar ejemplo. Ya es hora, Good bye, Franco

Patricia Sanz [@patriciasanzlo]

Madrileña y abogada experta en fiscalidad internacional. Redactora jefe de MEDITERRÁNEO DIGITAL.

Ha sido jefa de redacción de La Esfera Digital, colaborado en los informativos de Cadena COPE y formado parte del Gabinete de Prensa de la Comisión Europea


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