Escépticos, relativistas y pedantes modernos

filosofia

Es tan lamentable como injustificable la repetición de los aciertos y errores en el pensamiento filosófico de todos los tiempos, habida cuenta de que la naturaleza humana es la de siempre, con sus disposiciones al bien o al mal, a la virtud natural o a la cobardía, frente a sus exigencias morales ante lo divino o ante lo humano, que ya nada nos puede extrañar… De ahí las diversas tendencias filosóficas que retratan el estado anímico-moral del pensador.

La historia del pensamiento humano (filosofía), comenzó ya en el siglo VI antes de Cristo, con el planteamiento elemental de explicar el origen del mundo (periodo cosmológico), con los presocráticos, como fue el padre de la filosofía, Tales de Mileto; los pitagóricos, creídos que la esencia de las cosas son los números; los pluralistas y en especial los del periodo antropológico, centrando su preocupación en el ser del hombre, como los sofistas, que se sirvieron de los trucos dialécticos para tratar de demostrar que lo blanco es negro o viceversa, y además, cobraban por esas “clases de oratoria”, y descompusieron la vida griega en todos los órdenes, científico, moral y político.

Su gran objetor y desenmascarador fue el gran Sócrates (400 a. C.), a quien le pasó lo mismo.

Tras los estoicos (IV a. C.) y epicúreos, vinieron los escépticos, con Pirrón de Elis, quien enseña en Atenas su escepticismo, bajo la etiqueta de “probabilismo”.

El escepticismo es postura de la filosofía decadente, y no es un sistema propiamente dicho de filosofía, sino su negación. Es actitud derrotista y negativa, que niega a la mente la capacidad para llegar a la posesión de la verdad.

Estos dicen que las cosas son incognoscibles y que la verdad ha caído en un pozo profundo, del que no puede salir.

Este escepticismo es por ello una postura antiética, al aseverar que nada es cierto, y que todo es dudoso. Por tanto, dicen, lo mejor es abstenerse de opinar para encontrar la tranquilidad espiritual.

Es evidente que se trata de una actitud cobarde por no enfrentarse a las obligaciones morales que nos impone la realidad física, religiosa, social y humanística.

Hasta San Agustín (siglo V), antes de su conversión cayó en el escepticismo sincero, que le produjo desasosiego interior, ya que el espíritu por su naturaleza, aspira a la verdad, y salió de su escepticismo por el contrasentido que esa postura encierra. En efecto, el que duda de todo, no puede dudar de algo: de que duda.

San Agustín pasó al dogmatismo y elaboró sus grandes construcciones doctrinales conjugando la filosofía clásica con las fecundas ideas aportadas por el cristianismo.

¿Cómo es posible que a estas alturas de la cultura democrática, moderna, a distancia de casi veinte siglos, de avances tecnológicos, artísticos, históricos y arqueológicos, haya personas que aseveran que no hay verdades absolutas, haciendo gala de un relativismo que atenta contra la más elemental evidencia de las leyes físicas, químicas, de mora natural y divino-positiva, en esa nube de opacidad, ignorancia y contradicción cotidiana…?

Y su aseveración, ¿es absoluta o relativa…?

Quien se evade del orden divino con todas sus exigencias, solo demuestra la cobardía de no atenerse a nada para vivir su egoísmo autojustificatorio, su cerrazón mental y su pedantería al fin, de remar contracorriente. Solo tendemos a despreciar lo que no tenemos, lo que no sabemos o lo que no somos.

Es la eterna fábula de la zorra y las uvas: como estaban altas y no podía alcanzarlas…, estaban verdes, sin madurar.

No hay nada más bonito y apasionante que la verdad. “La verdad os hará libres” (Juan, 8, 31).

Es que lo verdadero, es eternamente nuevo.

Padre Jesús Calvo Pérez
Párroco de Villamuñio, León. Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

Padre Jesús Calvo
Autor: Padre Jesús Calvo
Jesús Calvo Pérez, Párroco de Villamuñio, León. Capellán de La Falange. Escribe en varios diarios digitales patrióticos, y ha publicado varios libros: 'Mentiras democráticas y...cartas oficiales sin respuesta' (León, 2000), 'Las vertientes del Amor' (León, 2002), y 'Los porqués de la pena capital' (SND Editores, Madrid, 2019).
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