Ucrania es nuestra guerra

La razón última del actual conflicto ucraniano debe buscarse a miles de kilómetros de allí: a miles de kilómetros de las trincheras cavadas en la nieve y de los campos de minas. La causa de todo este conflicto -para muchos inesperado- está en los avances tecnológicos y científicos desarrollados en Estados Unidos durante los últimos años. Estamos asistiendo a una revolución tecnológica, y esta revolución está afectando al pensamiento militar de las grandes potencias. Conceptos tales como el de guerra mosaico y el de guerras multidominio son ya una realidad en la doctrina militar estadounidense, y se han podido teorizar al amparo de un desarrollo armamentístico de última generación. La potencia industrial de los Estados Unidos está investigando nuevos sistemas de armamento que -sin lugar a dudas- ya están afectando directamente a las doctrinas aplicables a los conflictos bélicos (Guerra Multidominio y Mosaico. Guillermo Pulido. Editorial La Catarata 2.021).

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Esta triste Navidad de 2.021

Siempre me ha gustado más escribir sobre aquella Navidad que nunca hemos tenido. Siempre me ha gustado más que el recuerdo de alguna Navidad pasada o que la simple evocación de un momento feliz. Recuerdo con muchísima fuerza, por ejemplo, el olor del serrín del nacimiento o esa sensación de libertad esperanzada de esos días irrepetibles de Colegio antes de las vacaciones. La Navidad del niño siempre envuelta en la poesía de los instantes efímeros de los reinos perdidos y de unas emociones idealizadas por el paso del tiempo: esos aromas que se perdieron para siempre en el devenir confuso del pasado. La Navidad, en definitiva, como parte de un rito anual necesario y profundamente occidental.

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La languidez de una bandera de balcón bajo la lluvia

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Siempre me ha producido un profundo rechazo ese patriotismo de bandera mojada que se puede apreciar, como un insulto hiriente a nuestros sentimientos más nobles, en todas las plazas y calles de España: banderas que, empapadas de lluvia, cuelgan sucias y lánguidas de unos balcones que -un día cada vez más lejano- quisieron ser un pregón de españolismo. Vuelven las lluvias otoñales y, con ellas, retornan estas imágenes cansadas de desolación roja y gualda. Y es que, ahora más que nunca, nuestro país puede ser definido como una bandera mojada y harapienta colgando sobre la tristeza de una tarde lluviosa.

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Negacionismo

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Escribía hace poco sobre el rechazo que me producen nuestros gallardos y valientes milicianos, marciales como centinelas barrigudos dentro de la compleja España del Siglo XXI. Aquellos que, al amparo de los colores rojinegros, juran defender los irrenunciables valores de la España Visigoda hasta la última gota de nuestra sangre. En aquellas líneas, os decía que me he venido sintiendo -un poco o un mucho cada año- cada vez más lejos de estas personas: no sólo de los principios que defienden, sino de cómo los defienden. Y si bien la vida nos ha llevado -de forma manifiesta- por caminos muy distintos a unos y a otros, ellos no pueden dejar de afectarnos en lo que concierne a nuestra actividad política.

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Honor y Patria

sanitarios

Hemos escuchado muchas veces las palabras Honor y Patria durante los últimos años.

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La crisis del Estrecho de Kerch

ucraniana

A través de la Revolución de Maidan (Noviembre de 2.013 a Febrero de 2.014), los ucranianos alejaron a su país de la órbita política del Presidente Putin y de la dictadura imperialista rusa. Se trató de un movimiento político ciudadano de amplio espectro. Movimiento que, por otra parte, ha sido muy desconocido por la opinión pública española. Los voceros de la propaganda rusa han presentado estas jornadas revolucionarias como un auténtico Golpe de Estado de carácter extremoderechista: una revuelta neonazi encaminada a arrojar a Ucrania en los brazos sionistas de la Unión Europea.

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Sobre el libro 'Conversaciones con Miguel Hernández' de Eduardo López Pascual

conversaciones con miguel hernandez

'De tu santa siesta
ahora te despiertan
versos de poetas'. (Evangelina Sobredo “Cecilia”. Mi Querida España).

Me ha gustado muchísimo el último libro de Eduardo López Pascual. Fue el mismo Eduardo quien tuvo la gentileza de enviármelo hace unas semanas y os aconsejo su lectura tranquila, reposada y serena en estos calurosos días de verano. Se trata de CONVERSACIONES CON MIGUEL HERNÁNDEZ. UN FALANGISTA CON EL POETA (PR Ediciones 2.018 y Prólogo de José María García de Tuñón de Aza). En esta obra, el autor nos ofrece su personalísima visión acerca de los últimos años de la vida del poeta Miguel Hernández: justo aquellos años en los que el poeta fue vagando -sombra gris de una vida deshecha- de prisión en prisión en medio de esa España de hambre, rabia, miedo y vencedores y vencidos. Los años de encarcelamiento, enfermedad y muerte del escritor. Siempre me ha resultado poderosamente llamativa -esas casualidades necrológicas a las que tanto nos ha acostumbrado nuestra moderna Historia- la circunstancia de fallecer Miguel Hernández también en la prisión de Alicante en 1.942.

Y de estos años tristes de la vida del poeta de Orihuela nos ofrece Eduardo su libre perspectiva de novelista, si bien siempre fundamentada en los hechos reales que, efectivamente, acaecieron en torno a la figura de Miguel Hernández durante este atroz período de su vida. Esta realidad que subyace dentro de la novela hace del relato, en sí mismo y por esta causa, una historia que merece mucho la pena ser leída.

Yo siempre he creído que la ya muy extensa obra de Eduardo López Pascual se basa en el pilar fundamental de su honestidad férrea: en la sinceridad a la hora de exteriorizar sus pensamientos cuando llega la siempre difícil tarea de volcarlos sobre una hoja de papel en blanco. Existe un Eduardo intimista y profundo, el Eduardo de Poemas para un Paisaje Sonoro, que es capaz de transmitirnos la clara honestidad de un verso y que sabe llevarnos de la mano para descubrir los escenarios recónditos de una sensibilidad desconocida. El Eduardo poeta de sus Versos Proscritos.

Y frente a este Eduardo poeta, nos asombra el Eduardo político. Porque esta honda integridad también se hace patente de forma más urgente y perentoria cuando, alejado del fondo poético de un verso y acuciado por los sucesos urgentes del presente, nos impone la necesidad de actuar y de luchar para salir de la sima actual del falangismo. Desde el corazón y para el corazón, Eduardo marca nuevos rumbos y propone soluciones prácticas en sus breves columnas publicadas en El Municipio: verdaderos trallazos azules que, descargados sobre nuestras conciencias, nos llaman a la acción respecto al lamentable estado actual de la Falange. A mí me parece algo muy hermoso como Eduardo sabe condensar, en unos pocos párrafos, lo que muchos pensamos con absoluta claridad y perfecta definición. Un obligado referente semanal para todos aquellos que seguimos creyendo -como cree él- en la rotunda viabilidad de nuestro sueño: en esa Tercera España que, sepultada en la sangrienta pugna entre la izquierda y la derecha, la Guerra Civil hizo imposible.

Este libro trata -a través de los ojos de un joven reportero de La Voz del Segura- precisamente de esa Tercera España que la violencia cainita y fraticida hizo inviable. Una historia contada desde un falangismo desarbolado y derrotado por obra y gracia del Régimen que nacía de la Victoria. Existe un hilo invisible de solidaridad que se extiende entre este reportero falangista y el poeta Miguel Hernández. Un hilo que se teje al haber sido condenado y enterrado el nacionalsindicalismo por la misma mano ejecutora que había encerrado y condenado a Miguel Hernández: el Estado despiadado y cerril nacido del triunfo militar y del exterminio violento de todos sus adversarios políticos. La derrota de la Tercera España que había convertido en inviable el violento enfrentamiento entre españoles.

Hoy el amor es muerte,
y el hombre acecha al hombre.

La poesía nos acerca a la esencia de España. Los grandes poetas españoles del Siglo XX entroncaron su obra con la idea de una España nueva, fértil, renovada y alegre. Una España sin lastres del pasado y abierta a la sincera esperanza de un mañana feliz y de soles y lunas y de francas sonrisas. Esas ideas de libertad y paz con las que supo conectar la Falange desde su mismo nacimiento y que constituyen la esencia misma de nuestro movimiento político. Los poetas españoles del Siglo XX y su afán de encontrar un nuevo modelo de convivencia entre tanta desolación, miseria y muerte.

Alza, toro de España: levántate, despierta.
Despiértate del todo, toro de negra espuma,
que respiras la luz y rezumas la sombra,
y concentras los mares bajo tu piel cerrada.

Y descubrimos que el poeta es abandonado por todos -presencia incómoda en un mundo sombrío- menos por un puñado de escritores y poetas falangistas que, paradójicamente, también podían contarse entre las víctimas y los derrotados. Nos cuenta Eduardo que, agrupados en torno a José María de Cossío, Dionisio Ridruejo o Rafael Sánchez Mazas, empiezan a concentrarse los esfuerzos para lograr la libertad del poeta comunista. Nos cuenta como los únicos valedores del poeta son los intelectuales falangistas: tal vez porque intuyen que, salvando a Miguel Hernández de la muerte, acaso pudieran salvar también del naufragio algún vestigio de esa España de la convivencia que la Guerra Civil había sepultado para siempre.

Los hombres que hacían la revista falangista Vértice, no tardaron en sumarse a nuestra decepción y hasta una indignación que no podían disimular; y junto a todos ellos, allí estaban Miquelarena, Angel María Pascual, Leopoldo Panero o José María Alfaro, el mismo Vivancos, en fin, una pléyade de escritores, que estaban completamente a favor de recuperar a gentes como Miguel, y en defensa de una convivencia que era, como se sabía, una seña de identidad con el espíritu que les inculcaría José Antonio Primo de Rivera.

Y es en este sentido en el que la obra de Eduardo no puede ser alegre ni optimista ni esperanzada. Porque nos viene a constatar y a certificar -con la certeza lúgubre del peso de la historia española- que aquella oportunidad de transformación social alborozada y venturosa que había nacido con la Segunda República en 1.931 –la esperanza del 14 de Abril– tuvo su tajante final en una monstruosa ola de sangre que se ha extendido quizá hasta nuestros días, y que aquella Tercera España que soñaron un puñado de españoles preclaros quedó enfangada en una avalancha de odio, de miedo y de miseria. Conversaciones con Miguel Hernández nos viene a relatar como no pudo construirse una España ancha y digna desde la poesía: desde los versos de sus poetas.

Cuando acabé de leer el último libro de Eduardo López Pascual me vinieron inmediatamente a la mente los asombrosos versos de otro de aquellos poetas abatidos. León Felipe y su doloroso y bello Vencidos. Y es que muchos lo fuimos en 1.939.

Hazme un sitio en tu montura
y llévame a tu lugar;
hazme un sitio en tu montura
caballero derrotado,
hazme un sitio en tu montura
que yo también voy cargado
de amargura
y no puedo batallar.

Gracias sinceramente Eduardo una vez más.

Nacho Toledano. Abogado. 
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL. Publicado en El Blog de Nacho Toledano

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