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Hasta el año 2017, el único Bar que conocíamos los españoles era el que hacía referencia a cervecitas, tapas y amigos. Pero en pleno auge de fútbol moderno, para que el deporte rey cada vez se parezca más a un juego de Play Station, aparece en nuestras vidas el VAR (del inglés Video Assistant Referee).

Se implantó de manera oficial en la Liga española en la temporada 2018-2019 con el objetivo de ayudar al árbitro principal a evitar errores graves durante el partido, como por ejemplo un penalti claro no pitado o un gol en fuera de juego. Hasta aquí todo relativamente bien. Todo Ok, José Luis.

Hubo infinidad de debates a favor y en contra de esta nueva forma de arbitrar, ya que muchos, entre los que me incluyo, pensamos que el VAR frena el ritmo del partido y eso le hace perder gran parte de su encanto. Pero no era tan mala idea si así se podían evitar los robos y las atrocidades que hemos vivido en muchos terrenos de juego, donde el árbitro o bien por error humano (que puede pasar) o bien por ineptitud (que suele pasar) o quizás si por una llamadita de alguien con cierto poder y sede en la Castellana (que pasa), cambia de manera radical el rumbo y el marcador de un partido, convirtiéndose así en más protagonista que el propio balón.

Pues nuestro gozo en un pozo. Si creíamos que el VAR ayudaría a limpiar el fútbol de atracos a mano armada favoreciendo siempre a los mismos, estábamos muy pero que muy equivocados. No solo roban más, sino que ahora que se tienen los medios suficientes para eliminar el “error humano” nos roban y encima se ríen en nuestra cara, reiteradamente y lo peor de todo es que lo hacen de manera impune.

¿Y por qué digo impune? Porque aquí nadie hace nada. Aquí nadie dice nada. Los de arriba porque dinero llama a dinero. Los medios porque dinero llama a dinero. Y los aficionados beneficiados porque no entienden de valores, de esfuerzo ni de nada. Solo quieren presumir de títulos y les da exactamente igual como los han obtenido. Gente mediocre, que se siente orgullosa de serlo, sin ningún tipo de moral ni de valores y sobre todo sin ningún tipo de vergüenza.

Y luego están el resto de equipos. Está muy bien ponerse frente al micrófono de un medio deportivo tras un partido donde te han robado claramente y quejarse. Pero las palabras no valen de nada en el fútbol moderno. Hay que actuar. Hechos. Señores, ante estos actos por favor, retírense del terreno de juego. ¿qué tienen que perder? ¿3 posibles puntos? Se los van a robar igualmente. No podemos dejar que sigan llenando vitrinas de trofeos robados. Están dañando el deporte y están enseñando unos valores pésimos para las generaciones venideras.

Crecí con “lo importante es participar”, el juego limpio y donde hacer trampas era motivo de castigo. No criaré a mis hijos haciéndoles creer que el más listo de la clase es el que hace trampas o que los éxitos se compran con dinero. El esfuerzo no se negocia. Y la dignidad, tampoco.

Vir
Autor: Vir
Nacida en Madrid en junio de 1984. Géminis. Irónica y sarcástica a tiempo completo. Simpatía selectiva. No sigo modas. Mátame, pero no me mientas. En #LaPeineta de MEDITERRÁNEO DIGITAL.
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