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La pandemia que ha azotado al planeta está poniendo cada día más en evidencia la caída del Mito del Progreso. Ya saben: la humanidad, desde la noche de los tiempos, desde que bajamos del árbol según la famosa idea, ha estado continuamente avanzando, mejorando, llegando a un futuro que es el lugar ideal adonde siempre avanzamos, aunque nunca acabe de llegar, como la línea del horizonte.

La idea de progreso se consolidó durante el siglo XIX, que fue el gran siglo del capitalismo y la revolución industrial, con la expansión planetaria y la multiplicación de los bienes, parecía que se podía establecer en la Tierra el Paraíso, que el Edén perdido por Adán y Eva podría ser restaurado por los mismos humanos.

Nadie lo confesaba, pero fue una simple sustitución religiosa: de la creencia en el cielo a la creencia en el futuro. Ambos lugares invisibles y ubicados al alcance de quien obrase “bien”.

Y así ha sido durante mucho tiempo cómo en Europa, los USA y algunas otras partes del mundo se creyó en ello: la explotación de los recursos y la extensión de un modelo social basado la persecución individual de la riqueza, parecía ser la clave para alcanzar la felicidad.

Pero ya a partir de los años 1970 se empezó a poner en duda todo eso mediante la aparición del moderno movimiento ecologista. La respuesta fue que el progreso podía ser “sostenible”, es decir, suavizar o frenar algunos aspectos, pero ir hacia adelante SIEMPRE.

El colapso de la Unión Soviética pareció darle un nuevo impulso al Mito: las ideologías que se oponían al capitalismo, inseparable brazo armado del Progreso, se habían derrumbado o habían sido vencidas una tras otra. Ya pronto amanecería el Fin de la Historia, ya no habría más sobresaltos en el camino hacia la perfección humana…

Pero… surge el islamismo radical, China se mantiene y ahora es una superpotencia, Rusia otro tanto, los problemas endémicos no tan solo permanecen, sino que aumentan: el hambre, las guerras, el terrorismo, los movimientos de población, el agotamiento de los recursos.

Cada vez menos personas tienen motivos para pensar en un futuro mejor. La lógica capitalista se impone: deslocalización de empresas, salarios menguantes, terror ideológico, propaganda masiva.

Creyeron algunos ingenuos (supongo que formaba parte del guion) que con la crisis del coronavirus saldríamos mejores como personas. Al cabo de pocos días la realidad se impone y es como si nada hubiera pasado. Otro mito, el de la educación como factor de progreso, queda liquidado.

La salida del Sistema actual está clara: si no hay futuro, que tampoco haya pasado, que nadie pueda rastrear en la Historia ninguna pista que pueda demostrar que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, sino que el pasado siempre fue peor y que vivimos en un mundo que, aun siendo nefasto, es mejor que los anteriores. Por tanto, hay que romper los puentes con el pasado de manera radical.

Hay que eliminar la filosofía de las escuelas, porque enseña a pensar y nos recuerda a la antigua Grecia, cuna del pensamiento en Europa. Mejor el coaching y los libros de autoayuda.

Hay que denigrar el pasado y derribar todas las estatuas y monumentos que recuerden a grandes hombres, porque en el pasado todo fue malo: machismo y racismo.

Feminizarlo todo, no por las mujeres, sino para cambiar el sentido de los hechos históricos y la manera de hablar: el lenguaje es la llave del pensamiento, luego hay que cambiar la llave para que nadie pueda acceder a la sabiduría antigua. Crear estereotipos raciales donde el ser creador se identifique con ser explotador y la víctima sea el nuevo santo de la nueva religión laica en la “nueva normalidad”.

La Nueva Normalidad es esto: un Presente Eterno en el que viviremos encerrados entre dos muros. Por un lado, la Vergüenza por un pasado que no querremos recordar y, por el otro, el Miedo al futuro incierto.

Para soportarlo, se nos ofrecerán dos salidas: la Vergüenza por el pasado se redimirá mediante la humillación (arrodillarse, pedir perdón), y el Miedo al futuro será soportable a cambio de vender nuestra alma (ya no hay salvación de alma, sino venta según la lógica actual). Y ambas salidas, como este Presente, tampoco tendrán final…

Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.
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