Última actualizaciónSáb, 11 Jul 2020 4pm

Opinión | Jordi Garriga

Un poco de fascismo viene bien

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Acaba de empezar el año 2019, y entre sus efemérides podemos destacar una que espero no pase desapercibida, pues resulta ser el nacimiento de la ideología gracias a la cual podemos definir tantas y tan diferentes cosas: el fascismo.

El fascismo ha quedado como el paradigma de la violencia política y, sobre todo, de la represión en cualquier terreno, ya sea en la política, la cultura, la sociedad, la ciencia, etc. Más allá de cualquier interpretación histórica rigurosa, a nivel popular esta es la imagen que se ha cultivado. A 100 años de su nacimiento, creo que nunca había resonado tanto ese adjetivo como hasta ahora.

El año pasado, 2018, también se celebró otro aniversario: el cincuentenario de mayo de 1968, cuando la contracultura que clamaba por la emancipación total del individuo, por su liberación sexual, racial y de cualquier otro vínculo social, se abrió paso en las barricadas de París. Nada debía ser prohibido y los deseos del individuo debían marcar la norma: ninguna autoridad puede obligar al individuo a seguir un determinado camino y éste puede cuestionarlo todo: ya saben, el famoso lema de “La imaginación al poder”.

Las consecuencias de tal conciencia cultural, de que el individuo es el centro de todo, cada vez se están haciendo notar de una manera más alarmante:

  • El auge de los antivacunas, la homeopatía y el consumo de alimentos crudos, sobre la base de culpabilizar a una industria farmacéutica culpable de mantenernos enfermos y alejarnos de modos de vida saludables.
  • La extensión de la creencia en una “Tierra plana”, que si bien todavía hace reír bastante, evidencia el resultado de una degradación constante de los planes de estudios, centrados en crear seres consumidores antes que reflexivos. La eliminación de la asignatura de filosofía no hace más que potenciar esas creencias absurdas.
  • La humanización de los animales por parte de personas realmente preocupadas por la destrucción de los entornos ecológicos, pero que de hecho acelera ese proceso, ya que, si entre los animales y los humanos no hay diferencia alguna y podemos hallar equivalentes en su comportamiento y el nuestro… El ser humano sigue siendo el modelo ideal, quien les salva y quien da sentido a su existencia. Nuevamente el sentimiento por encima de la realidad.
  • El desarrollo de un modelo de feminismo desquiciado y totalmente alejado del auténtico, que confunde lucha por derechos básicos y respeto, con destrucción y culpabilización de aquellos seres que  “nacieron mal”  y se identifican con un género de naturaleza criminal y de quienes solo podemos esperar autoflagelación para tolerar su insultante presencia…
  • Un modelo escolar donde el alumno es intocable y al que no se le exige un gran esfuerzo, y donde el maestro solamente debe conformarse con guiarlo amorosamente en el descubrimiento de “verdades” que, al ser evidentes, las hará suyas de manera “natural”.
  • Un sistema judicial que intenta comprender y ayudar a todo criminal, ya que la cultura dominante considera que dentro de cada persona brilla un ser racional y amoroso, y que si no se ha manifestado, ha sido por las dificultades sociales o familiares que le han enterrado, y que al propio tiempo trata como sospechoso a todo ciudadano íntegro, considerando que la decencia no debe ser más que la máscara de alguien con algo sucio en su interior…

Podría citar más ejemplos de como estamos llegando en las sociedades posmodernas a una paradoja: en ellas se defiende y promueve al individuo aislado, emprendedor, sin vínculos con grupo alguno, como fuente de riqueza y progreso para crear una sociedad mejor. Ya que todas las obligaciones e imposiciones son vistas como anuladoras de la persona genuina. Obviamente, ese modo de actuar ya OBLIGA a todo el mundo en un cierto sentido, y ese modelo de persona que se promueve es el perfecto tumor en toda sociedad.

Es cierto que venimos de épocas represivas y muy represivas, donde se modelaba a los individuos a una cierta imagen y semejanza, donde cada avance social, cultural, científico… costaba sangre, sudor y lágrimas llevarlo adelante. Y con esa experiencia se ha creado otra guía cultural y social, donde constatamos que se hace lo mismo que en otras épocas pero en otro sentido. Cambió el modelo de individuo, pero se combate igual a quienes quieren otro. Cambió el modelo represivo, pero sigue habiendo represión. Los avances sociales ya no implican a temas que puedan inquietar a una clase dominante: en vez de empresario explotador de trabajadores sujetos a una disciplina, tendremos una empresaria que anima a la autoexplotación de emprendedores expuestos a la jungla económica…

Por eso considero que un poco de fascismo no le vendría nada mal a nuestra sociedad, para equilibrar asuntos que se nos están yendo de las manos:

  • Difundir que no todas las ideas son respetables. Hay muchas ideas que simplemente son una tontería o un peligro. Que la Tierra es redonda no es una idea, sino una fantasía propia de estafadores, idiotas o dementes. Que se pueda opinar una vez comprendida esa base, ya que las hipótesis sí son motor de progreso.
  • Obligar a vacunarse, obligar a respetar a tus superiores naturales, obligar a participar en la vida política… La obligación no solamente debe contar para llegar a la hora al trabajo o para aumentar la productividad, sino que en cada esfera de la vida la obligación debe ser un valor muy estimado.
  • Reprimir las tendencias egoístas de quienes son incapaces de comprender el alcance de sus acciones. Imponer límites claros a todo el mundo. Acabar con los privilegios por motivos de edad o sexo.

La represión, la obligación y la intolerancia son necesarias en cualquier sociedad. Incluso en aquellas que presumen de ser “abiertas” y tolerantes también se reprime, se obliga y no se tolera. Simplemente se cambian las palabras para disimular: hay “tolerancia 0”, hay “acompañamiento”, hay “inclusión”… eufemismos que nos están volviendo esquizofrénicos a todos.

Un poco de fascismo viene bien como órgano constituyente de toda sociedad.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.
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