Que viene la ultraderecha

Con el gobierno más progresista de la historia, no descartemos tal vez de la humanidad, con una de las peores crisis en muchos años, con la energía, la cesta de la compra y todos los servicios básicos a precios desbocados, resulta que hay gente que se atreve a protestar, en el menos malo de los sistemas posibles. O eso nos dicen.

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¿Resultado? Los transportistas, un sector tremendamente golpeado por el encarecimiento de los combustibles y por un nivel de presión terrible para la distribución, son la ultraderecha por atreverse a alzar la voz. Los agricultores y ganaderos, a quienes se les paga una miseria el fruto, nunca mejor dicho, de su trabajo, son parodiados como terratenientes ociosos por decir lo que todos sabemos: la ausencia de una política nacional proteccionista los deja expuestos ante productos más baratos del resto del planeta.

El papel de los sindicatos está siendo vergonzoso: cuando una entidad depende de las subvenciones públicas para vivir, del cuento sobre todo, JAMÁS morderá la mano que le da de comer. Los de CCOO y UGT hace demasiados años que efectúan su papel de "ventanilla de reclamaciones" del Estado. Ningún trabajador se los puede tomar en serio y los sindicatos que verdaderamente hacen de tales, son ninguneados y hostigados. Y aquellos dicen ser de izquierdas.

Porque, tal y como hemos constatado muchas veces, las palabras derecha e izquierda en política tienen actualmente un papel más emocional que otra cosa. De manera automática, cuando escuchamos esos términos, asociamos derecha a orden e izquierda a cambio, una es represión, la otra liberación, una es antigua y la otra moderna, una militarista y otra pacifista, una discriminatoria y otra igualitaria, una es pasado y otra es futuro, etc.

Si damos por válido semejante esquema, entonces veríamos que hay un gobierno presuntamente de izquierda en el cual se reprime y censura cualquier discrepancia, en el que se obedece sin vacilación a las órdenes de la UE y la OTAN, en el que se discrimina positivamente a favor de inmigrantes y mujeres... Tanto podríamos decir que una de las diferencias más tangibles entre derecha e izquierda consiste en estar en el poder o no.

Si el gobierno llama ultraderecha a las movilizaciones populares que protestan contra la inacción, cuando no aprovechamiento, del ejecutivo ante la tremenda crisis que estamos soportando los trabajadores en España, puede deberse tal vez a que PSOE y PODEMOS se hayan desplazado, en un arco imaginario, desde la izquierda hasta la derecha. Luego lo lógico es que los que estaban a la derecha, deban irse hasta el extremo, hasta la ultraderecha. Si las cosas se ponen peor, no es de extrañar que hubiera un mayor nivel de represión y censura, de denigración de cualquier protesta legítima. Entonces el gobierno acabaría en la extrema derecha...

¿Y la ultraderecha? Bueno, si ese arco se acaba, tal vez daría la vuelta y veríamos emerger en la izquierda todas las protestas colocadas habitualmente en la derecha. La nueva izquierda reclamaría más patria, más protección, más centralización y más orden, desde un espacio que ya desocupó la vieja izquierda, transmutada desde que está en el poder en una especie de dictadura del lenguaje que encubre los peores y más sucios negocios a costa de las necesidades del pueblo. Mucho cuidado con eso: la ultraderecha podría ser la nueva izquierda.

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Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.