Opinión | Jordi Garriga

Todos seremos Ana Julia Quezada

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Una vez transcurrido un tiempo prudencial, tras el horrendo crimen cometido por la inmigrante dominicana Ana Julia Quezada contra Gabriel, el hijo de 8 años de su novio español, creo que es momento para una reflexión.

Que una presunta psicópata se haya quitado de en medio a un estorbo, es algo que va más allá de la anécdota, y es que cada vez es más frecuente hallar comportamientos disfuncionales en nuestra sociedad.

Las consignas y los valores que construyen nuestro entorno son el culto total al YO individualista. Por supuesto que se indica que lo importante es la solidaridad, la fraternidad, la amistad... pero como logros y consolidación del YO. Las fotos de voluntarios sonrientes atendiendo a pobres gentes son el mejor ejemplo de ello: YO voy a ayudar, YO ayudo, YO soy bueno, YO soy mejor. Otra cosa sería conseguir resolver ese problema, pero nadie lo recuerda, centrados como estamos en el YO.

Todas las trabas y obstáculos a la libertad del YO se están destruyendo a pasos agigantados. Un ejemplo claro de ello es Suecia, donde cada vez más personas viven y mueren en la más absoluta soledad, pero muy libres eso sí. Recomiendo el visionado del espeluznante documental "La teoría sueca del amor" (2015).

Y es que el amor a uno mismo es lo más importante en este mundo donde se van difuminando todas las fronteras familiares, sexuales y sociales. Hasta el punto de que nosotros somos la única especie animal que intenta institucionalizar modelos familiares no tan solo minoritarios sino directamente fantasiosos. La familia en Occidente está destruyendo el modelo tradicional en nombre de la libertad y ¿qué nos acabamos encontrando?

Por un lado tenemos a hombres y mujeres adultos que ya no saben qué se espera de ellos, cual es su papel y lo peor: se les anima a prolongar una especie de adolescencia, de comportamiento infantiloide que imita a una juventud consumista y despolitizada, centrada en reivindicar sus deseos y huir de todo lo que huela a responsabilidad. Por el otro, tenemos a una infancia, a unos niños y niñas en manos de los anteriores: seres en pleno crecimiento y madurez a quienes se les está negando crecer y madurar, a quienes se les otorga unas consideraciones de decisión y mando que NO pueden ejercer, se les permite tiranizar todo lo de su alrededor y se les hace creer que todo está a su alcance, aquí y ahora, con solo pedirlo. El camino al psicópata y al paranoico está abierto de par en par.

Naturalmente, no todos vamos a asesinar a nadie para satisfacer a nuestro YO, pero... Sí que vamos a desatender, sí que nos negaremos a asumir costes, sí que cederemos a caprichos, sí que cerraremos los ojos a las incomodidades necesarias... Estamos creando una sociedad en la que todo lo que estorba es eliminado. Y si los hijos estorban, o bien serán abortados, o bien dejados en manos de pedagogos, o bien narcotizados con cultura consumista: Antaño eran la garantía de la vejez y la supervivencia de la tribu, hoy son un objeto de lujo bajo las leyes del Mercado y todos nosotros participamos alegremente en ello.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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