La Revolución no será en streaming

Nirvana

Cada cierto tiempo es necesario volver a explicarlo todo. Lo obvio queda enterrado entre la actual maraña de informaciones y contenidos cruzados y entrecruzados, en un enjambre donde cada punto quiere ser el centro y desde los que se pontifica y opina sin ningún tipo de calificación o preparación, ya que simplemente el acceso al ciberespacio parece otorgar patente de corso a cualquiera que consigue dejarse ver.

Unas simples definiciones, por ejemplo, de lo que significa realmente una revolución y ser revolucionario, nos pueden ayudar a comprender:

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REVOLUCIÓN: Es el cambio total de todas las instituciones sociales, políticas y económicas de un Estado. En contra de lo que se suele creer, no es necesariamente violenta, aunque pueda llegar a serlo. La revolución es a menudo confundida con el periodo revolucionario y de cambio de poderes que la precede. Nada que ver: la revolución no finaliza con la toma del poder, sino que empieza con esta, cuando a través de nuevas leyes se estabiliza e institucionaliza ese cambio y la sociedad empieza su renovación.

REVOLUCIONARIO: Es quien hace la revolución, no es el que solamente habla sobre ella. Hay muchas formas de contribuir a la revolución, siendo las más básicas la construcción del partido revolucionario, ya que no hay revolución sin partido revolucionario; y la elaboración y actualización de la teoría y la práctica revolucionarias, porque la revolución nunca puede ser improvisada. Las funciones del revolucionario pueden cambiar durante varias etapas, ya que no es lo mismo organizar un partido que llevarlo al mundo real, no es lo mismo estar en las calles que compartir las instituciones con los enemigos, y tampoco es lo mismo participar en las instituciones de un régimen que debe ser destruido, que crear un nuevo Estado. Todo revolucionario debe saber en qué momento de la revolución se halla, pensar en los objetivos del partido revolucionario antes que en la ambición propia y aceptar sacrificar parte de sus propias ambiciones, por muy legítimas que pudieran ser, e incluso su libertad por la revolución.

YOUTUBECIONARIO: El youtubecionario es, ante todo, un exhibicionista. Si el revolucionario hace, elabora y practica la revolución cada día, el youtubecionario habla de ella de forma constante, sobre todo en las redes, tanto más cuanto menos trabaja por ella. Suele exhibir la postura más radical y purista, aderezada con un absoluto desprecio hacia los demás, buscando por puro placer el lenguaje más conflictivo, las expresiones más extremistas, aunque ello solo atraiga problemas y discusiones estériles. Le gustan los colores corporativos, los logos deslumbrantes y los gestos teatrales. Desconoce lo que son las etapas, la lógica más elemental en política y es el paladín de las soluciones en 24 horas. Obviamente, si el revolucionario puede hablar mucho sobre la revolución, pero mientras calla sigue trabajando, el youtubecionario desaparece al instante como revolucionario en cuanto se calla, ya que nunca fue otra cosa más que palabras desde la pantalla.

Una revolución es trabajo constante, con unos objetivos bien definidos, una estrategia… Tener muchos seguidores en las redes, conseguir muchas reacciones, vender tu producto, en definitiva, es algo que puede tener muchos nombres, pero no es una revolución.

En este siglo XXI, igual que en los 20 anteriores, no hay atajos frente a la realidad: Una revolución puede triunfar o fracasar, pero siempre debe serlo. Si su abanderado tiene un canal en streaming y un club de fans, dala por muerta.

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Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.

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