El clown Puigdemont visita Cerdeña

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El lunes 27 de septiembre regresó a Bruselas el clown Puigdemont tras su exitosa actuación en Alguer (Cerdeña). Tiene previsto regresar el día 4 de octubre para acabar de declarar ante un juez que seguramente le dejará ir.

Le ha acompañado la prensa y los medios afines de un gobierno separatista catalán que cada vez le está olvidando más. Así como la ya conocida "eficacia" de la justicia española, la cual es el mejor coro que ese clown podría tener: le igualan como objeto de la risa popular. El laberinto de las euroórdenes de detención es digno de las mejores sitcom que se podrían filmar al respecto.

Porque una de las cosas del gran circo que suele levantar Puigdemont, es que sirve de termómetro de la situación en Cataluña. Tras su detención, unos pocos centenares de personas se reunieron con los habituales lemas en el centro de Barcelona. Luego, se anunció la puesta en libertad de su "President" y ahí terminó todo. Ahora mismo en Barcelona dan más problemas los botellones y las agresiones multiculturales que un montón de abuelos y adolescentes fans del clown.

Lo que sí es curioso de remarcar es que el clown nunca ha ido más lejos de Bélgica. Es extraño cuando se nos dice que los rusos han hecho algo en el fallido "Procés". Sí, algunos ayudantes del clown se acercaron a Moscú, pero parece ser que aparte de algunas latas de caviar, poca cosa más sacaron de allí. En Bélgica, en el Parlamento europeo, es donde se sienta Puigdemont, donde tiene su despacho. Es en Waterloo donde reside. Se le ha detenido en tres países de la UE y en ninguno se ha tenido en cuenta que atentó contra la unidad de un país miembro. ¿Dónde están los enemigos de España? En la estepa, no, desde luego.

El gran gag del clown es haber sido arrestado en Alguer, L'Alguer para los fans de los "Països Catalans". Allí iba a asistir a un festival de cultura catalana, Adifolk, el cual se organiza desde Cataluña, con la asistencia prevista del 24 al 26 de septiembre de unos 800 grupos de cultura popular de toda Cataluña, desde bandas de música y coplas, corales, sardanistas o bastoners hasta grupos de bestiario, diablos y entidades de juegos tradicionales. Desde 2009 hay abierta una oficina del gobierno catalán allí.

Y es que Alguer fue objeto de una limpieza étnica en 1354, cuando fueron expulsados los habitantes de la ciudad y repoblada por catalanes. Actualmente, un 15% de la población de esa ciudad usa habitualmente el catalán (alguerés en realidad, una evolución propia) en su vida cotidiana, por lo que estas manifestaciones culturales simplemente son una (verdadera) injerencia, ya que la finalidad última es la construcción de una ficción nacional que jamás ha existido, basada en una cultura a la que se considera radicalmente diferente de su entorno. Y mejor, por supuesto. Tal vez por eso los italianos decidieron tocar un poco las narices, quién sabe...

La conclusión es que en España ya apenas saben de la existencia del clown. Incluso entre sus propios fans. El hecho de que sea detenido y puesto en libertad, o sus declaraciones acerca de la malvada España, apenas merecen comentarios ante los serios y verdaderos problemas que atraviesa la sociedad española. Que siga su tournée, aunque ya sea en plena decadencia. 

Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.

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