Opinión | Jordi Garriga

Patria catalana y latifundio privado

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Estas dos últimas semanas están siendo interesante porque se está pudiendo visualizar, una vez más, las pocas ganas de sacrificio personal de los "dirigentes patrióticos catalanes". Artur Mas, alias "el Astut", ya nos dio buena prueba de ello escondiéndose detrás de los voluntarios del 9-N, y desplazando hacia ellos toda responsabilidad. Sin embargo, él y sus dos compinches directos, Rigau y Ortega, van a tener que responsabilizarse de más de 5 millones de euros, públicos, TIRADOS en ese teatro, en ese fraude, popularmente conocido como "butifarréndum" que se desarrolló el 9 de noviembre de 2014 y que NO SIRVIÓ PARA NADA.

Primero el vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras (ERC), rechaza ser el "Conseller del referéndum", y le solicita al presidente Puigdemont que la responsabilidad sea compartida con los otros consejeros del gobierno que son del partido sucesor de Convergéncia, el PDECat. Por supuesto ni una cosa ni la otra. Todos escurren el bulto, tal y como planteó el destituido conseller Baiget, el cual reconoció que no le hacía maldita la gracia poner en peligro su patrimonio a cuenta de algo: la presunta celebración de un referéndum y la subsiguiente independencia de Cataluña, que él sabe perfectamente QUE NO VA A SUCEDER. Y claro, es de tontos arriesgar tus bienes y dinero a cambio de... nada. Por eso fue destituido fulminantemente.

Y por eso a la semana siguiente hubo más cesamientos. Una purga efectuada en toda regla, situando a la burguesía catalana por esta vez más cerca de Stalin que de Hitler. Puigdemont, más conocido por ser el enano crecidísimo del circo convergente, está decidido a que él no va a pringar solo. Y va a demostrar su autoridad. Su figura histórica tal vez le acerque a otro ilustre presidente de la Generalitat, Pau Claris, el cual no tuvo empacho en llamar a los franceses contra Castilla para proteger los intereses de su casta. Y que seguramente provocará un desastre: ayer la pérdida del Rosellón y media Cerdaña, hoy cientos de empresas, miles de puestos de trabajo y hundimiento del prestigio internacional de Cataluña con la excusa del "España nos roba".

Al menos Rafael de Casanova (que no fue separatista sino todo lo contrario, pero es un icono suyo...) tuvo el valor de bajar a la calle y ser herido en el asedio a Barcelona en 1714, aunque luego fue perdonado y murió de viejo, mientras que aquí ni siquiera se atreven a firmar la compra de urnas; al menos Companys se enfrentó a la muerte con dignidad pese a sus pasadas fechorías, mientras que ahora los consellers llorarían si les quitasen el chalet de la playa; Al menos Jordi Pujol estuvo encarcelado 2 años y medio por oponerse activamente a la dictadura de Franco, mientras que la inmensa mayoría de la burguesía catalana de entonces era totalmente adicta al Régimen...

Incluso rebuscando en un más que escaso martirologio de celebridades catalanas, que luchasen por la presunta "nació catalana", vemos que el ciudadano de a pie, el más simple, si es de ideas catalanistas, tiene más dignidad que una casta dirigente que ha hecho de Cataluña, paradójicamente, el cortijo de sus intereses privados: aquí se cumple el dicho "Dime lo que criticas, y te diré lo que quieres ser". Ellos aspiran a que Cataluña sea su latifundio, y ellos los señoritos a caballo viviendo la buena vida. Tal cual.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

 

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