El pacto feudal español
Última actualizaciónLun, 30 Mar 2020 1am

Opinión | Jordi Garriga

El pacto feudal español

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Como se ha dicho otras veces, el régimen que podemos llamar de 1978 se fundamenta en una monarquía parlamentaria, que es una manera moderna de llamar a un sistema neofeudal.

El Antiguo Régimen era el fruto del pacto entre el monarca y los diferentes poderes estamentales de la época: nobleza, Iglesia y gremios diversos. Hoy se reproduce el esquema simplemente bajo otras circunstancias y nombres.

Si bien la legitimidad para gobernar se fundamentaba en la elección divina y en el pacto social, hoy se fundamenta en el resultado electoral fácilmente manipulable mediante el manejo de la información y el pacto social. El dios Dinero es quien lo facilita todo.

La Iglesia se ha reducido a una opinión más, aunque sigue siendo una de las partes privilegiadas todavía. Los partidos políticos asumen la representación y control de la plebe, junto a los sindicatos. Son meras entidades de pastoreo.

Cada oligarquía territorial o de partido asume una zona de control y disputa su poder con otras, dentro de unas normas de juego que todos respetan a pesar del griterío.

Y el rey asume su función decorativa e institucional: debajo suyo la sociedad puede fragmentarse todo lo que deseen los nuevos nobles, hoy Casta política, mientras no se ponga en peligro la cohesión y adhesión al Régimen: puede haber plurinacionalidad, selecciones varias de fútbol, partidos políticos y sindicatos, multitud de tendencias sexuales, etc., mientras ello no cuestione los fundamentos básicos de la explotación neoliberal.

Qué les importa a los gobernantes si hay o no Guardia Civil en Navarra. Habrá otra policía y basta, que hará cumplir las mismas leyes que cualquier otra en España. Qué les importa si hay selecciones deportivas regionales compitiendo o no, embajadas o lo que sea. Qué les importa si en las escuelas se usa tal o cual idioma… Lo importante no se toca.

Si se lee el acuerdo entre PSOE y Podemos para formalizar su gobierno este mes de enero, todo es humo en realidad: la asignatura de religión deja de contar para la nota final; el control del precio de los alquileres se hará si hay zonas muy conflictivas, si se trata de alquiler turístico (cosa que ya se hace), “evitar que se contraiga el mercado” (pues o socialización o libre mercado, las dos cosas no se puede); digitilización administrativa aquí y allá (algo que llega tarde y que se tiene que hacer si o si); la llamada “perspectiva de género” que sirve para tratar a las mujeres como discapacitados; una derogación de la reforma laboral que NO toca la indemnización por despido (luego ni es reforma ni es nada); muchas comisiones de seguimiento y estudio (es decir, nepotismo, enchufismo y saqueo habitual de las arcas públicas para los amigotes: hola nueva Casta); reformas en educación (que son competencia autonómica…). En fin, resumido: nuevos chiringuitos, nuevos lechones a mamar de las ubres del Estado, y nuevas mentiras en base a documentos y pactos que se pueden retorcer e interpretar hasta el infinito y más allá.

Pero este gobierno no es ninguna novedad: la derecha que brama contra este pacto nos quiere hacer olvidar que cuando ellos han gobernado, han hecho exactamente lo mismo (Pacto del Majestic). A fin de cuentas, también es humo cualquier tejemaneje con independentistas sin tener mayorías para reformar ni un punto de la actual Constitución. Los separatistas lo saben y ya les está bien, porque a pesar de todo saben que, si no cuentan con su Estado, cuentan con el dominio en su cortijo, en su feudo, con el beneplácito del Régimen: TV, escuela y funcionariado a su servicio siempre, para siempre.

La fragmentación nacional es básicamente social. Se trata de implantar poco a poco una sociedad de seres desarraigados e insolidarios. Lo que se potencia principalmente en España y en toda la UE es la separación entre ricos y pobres (individuos y territorios), ya que precisamente la religión posmoderna gira entorno al individuo adinerado, la figura histórica actual.

Si en el pasado hubo el Santo, el Guerrero, el Burgués y el Trabajador como paradigmas de las diferentes épocas, hoy es el Adinerado la meta a la que aspiran todos: blancos y negros, creyentes y no creyentes, hombres y mujeres. Esa figura en la que todas las diferencias e identidades se integran: independencia para tener… más dinero; emancipación femenina para tener… más dinero; emigración para tener… más dinero; no tener familia para tener… más dinero. Es una carrera en la que se incita a abandonar y dejar de lado todo vínculo y sustituirlos con el dinero.

El dinero debe ser apeado de la cúspide social y regresar a su lugar: un medio entre otros para poder vivir dignamente y no el objetivo obligatorio que hace indigna, o imposible, cualquier vida.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escritor, articulista y traductor. Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.
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