Opinión | Jordi Garriga

Notre-Dame y sus Quasimodos

incendio notre dame paris

Quasimodo, el jorobado de la catedral de Notre-Dame, es uno de los personajes más universales de la literatura de todos los tiempos. Es un ser deforme que vive en la catedral, donde fue abandonado. A pesar de su apariencia es un ser lleno de bondad y buenas cualidades, rechazado por el entorno y que se halla a salvo en el refugio que le proporciona la catedral.

Este personaje, que tal parece ser el alma viva de ese edificio, es el perfecto contrario de aquellos que, situados fuera de Notre-Dame y cuyo aspecto suele ser más bello, no tienen más que un alma negra, tan negra como las cenizas del terrible incendio que aconteció este pasado lunes. Porque alrededor de las llamas, tal como en una danza macabra, se reunieron para dejar patente la decadencia de nuestra cultura occidental.

Esos Quasimodos invertidos, de tremenda fealdad interior, empezaron a agolparse a los cinco minutos de empezar el incendio. Los había de cuatro categorías, a cuál más espeluznante, productos genuinos de una sociedad gravemente enferma.

Los de la Categoría 1 ya sabían perfectamente quienes eran los autores materiales y además establecían las conexiones con otros incendios, de los cuales, por supuesto, también sabían las causas: los musulmanes malvados y anticristianos habían quemado la catedral, mientras eran jaleados entre risas por sus adeptos. Estaba todo claro, salvo que nadie vio nada y nadie ha reivindicado nada, en un atentado sin casi ninguna víctima y ninguna proclama: “Esto no ha sido un accidente porque yo así lo espero.” El Otro como chivo expiatorio.

Luego tenemos la Categoría 2, los anticlericales de otros tiempos que parecen llegados a nuestra era con la máquina del tiempo, para los cuales la destrucción de iglesias y de todo lo que tenga que ver con el Catolicismo es una obra justa. Ya que la Iglesia es un ente malvado que todo lo corrompe, cuyos miembros son todos pedófilos y que se niega a repartir sus riquezas con los pobres… Son personas que desprecian la historia y el arte, pero se deleitan con el “arte” abstracto y gustan de las banderas tricolores, con una sensibilidad y nivel que sólo les permite ver penes y vaginas en todas partes.

Los de la Categoría 3 son los más amados y apreciados por las élites del planeta, aquellos que ante cualquier acontecimiento se comportan de manera infantil, generando memes y riendo estúpidamente pensando que de este modo generan una especie de superioridad moral, de personas traviesas que se hallan por encima de todo, cuando apenas si poseen el entendimiento suficiente para entender lo que leen. El rebaño que, pase lo que pase, siempre dice “beee” como toda respuesta, antes de ser esquilados.

Y finalmente llegamos a los de la Categoría 4, los Quasimodos mayores, aquellos que han anunciado que van a donar millones y millones de euros, como Louis Vuitton, Gucci, L’Oreal, Apple… Hasta el momento, 700 millones ya están sobre la mesa. Yo me pregunto: ¿qué ha cambiado para que los donen, cuando en 2017 se imploraba conseguir 100 millones en 20 años, porque la catedral “se estaba cayendo a pedazos” y el Estado francés solamente destinaba 2 millones anuales…? Pues muy sencillo: esta es una maravillosa campaña de publicidad, dinero invertido no para un edificio que les importa una mierda, sino reconocimiento de millones de consumidores que les devolverán la inversión multiplicada por diez o cien.

Estos grupos de seres deformes y grotescos se mueven de maravilla en una cultura donde toda la antigua religiosidad y espiritualidad ha desaparecido. Quienes más han llorado por esta desgracia lo hacen por motivaciones y sentimientos históricos y artísticos, muy pocos llegan a sentir un genuino sentido religioso. Las catedrales y otros edificios históricos europeos ya son más atracciones de un parque temático que algo con sentido. Edificio + foto + olvido en 5 minutos = exhibicionismo. Más allá de la piedra fotografiada y de egos sedientos, ya no queda nada realmente inspirador en nuestra Civilización.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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