Mi raza, mi razón

eliseo gil

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Esta semana han condenado a un arqueólogo vasco, Eliseo Gil, a dos años y tres meses de cárcel por falsificar un conjunto de piezas romanas del yacimiento del cual era director, el yacimiento de Iruña-Veleia (España). Concretamente, en los años 2005-2006, realizó sobre 476 piezas auténticas de cerámica unas inscripciones que adelantaban 800 años la aparición de palabras en euskera, así como representaciones de Cristo que pasaban a ser las más antiguas de la historia.

Dos años más tarde una comisión de expertos dictaminó que ello era totalmente falso. Finalmente se ha celebrado el juicio, en el cual el acusado y otros cómplices han seguido defendiendo su inocencia pese a las evidencias… Gracias a esa falsificación, su yacimiento logró 3’7 millones de euros en subvenciones.

En Cataluña, otra institución subvencionada de seudohistoria, que está logrando que toda España se ría, afirma que Cristobal Colón, Cervantes o Leonardo da Vinci eran catalanes, o que los británicos y los catalanes son ramas de un mismo pueblo original (https://www.inh.cat/articles/Els-catalans-de-la-Gal-lia-es-van-expandir-fins-a-les-Illes-Britaniques-els-catuvellauni).

Este amor por lo antiguo, que se considera equivalente a la superioridad (más viejo, mejor), al orgullo de decir “nosotros estábamos antes”, es un hecho muy generalizado en todas las culturas y es una reminiscencia de cuando lo nuevo, la novedad, era despreciado, considerado sin nobleza: SNOB (sine nobilitate).

Julio César afirmaba descender de la diosa Venus; el emperador del Japón, de la diosa del Sol; varias dinastías reales europeas, del rey bíblico David; y naturalmente el pueblo elegido de Dios, nuestros “hermanos mayores” según el Papa de Roma.

Con la llegada de la modernidad, llegaron ideas como los arios, que según el ideólogo Alfred Rosenberg eran de origen nórdico y habían fundado todas las grandes civilizaciones de la historia. Recordemos también como se enarbola la cuna africana de la humanidad para apelar a la humildad de los blancos, como si los negros fueran nuestros abuelos. Ni Alemania fue la representante de la civilización superior, ni los negros modernos son nuestras raíces. Pensar que naciones y pueblos modernos existen “desde siempre” es un mito.

Si la existencia eterna de los pueblos es una idea falsa, pero muy poderosa, también es muy poderoso el mito de los pueblos y culturas oprimidos para siempre, a los que ninguna reparación ni solicitud de perdón podrá jamás consolar: arden las calles y las estatuas, se borran nombres, se reinventa la historia… Hay una venganza que debe cumplirse contra el pasado, interpretado como una suma de agravios.

Los vascos y catalanes serían “oprimidos” por españoles; los negros por los blancos; los judíos llevan toda la vida huyendo de protonazis… en un bucle perverso que jamás acaba. Es un modus vivendi: Porque hay personas cuyo único refugio, cuyo único mérito, es ser víctimas de una injusticia histórica que explica PERFECTAMENTE todos los problemas, siempre causados por el Otro.

Y, si es necesario falsear documentos o vasijas para acercar a nuestra raza, nuestra razón de ser, más cerca de Dios o del Big Bang que las otras, se hace; si es más cómodo apelar a escritos religiosos antes que a pruebas genéticas, se hace. Es muy reconfortante ser miembro, sin esfuerzo, de un pueblo elegido que algún día, en un futuro incierto, podrá liberarse por fin. 

Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.
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