Opinión | Jordi Garriga

Máster en mamoneo

pedro sanchez pablo casado

Hace muchos años, cuando yo era muy joven y mi padre veía mis tendencias, me dijo que para poder dedicarse uno a la política, necesitaba mucho dinero. Sabias y realistas palabras que me ha confirmado la experiencia. Y es por ello que uno de los requisitos indispensables para actuar en ese terreno es disponer de un buen fondo económico, y éste suele ser la propia familia, por lo que en democracia sólo prosperan y tienen éxito los miembros de las clases adineradas. Lo de poder del pueblo lo dejamos para la publicidad.

El hecho de disponer de dinero implica además poder disponer de tiempo para dedicarse plenamente a la política. Porque la política dentro del régimen actual no es más que un oficio lucrativo, apenas diferenciable ya del oficio de vendedor o de gestor. Hacen falta unas cualidades determinadas, un carácter concreto, y se puede hacer carrera dentro de la máquina democrática.

Hemos visto, en poco tiempo, agolparse los casos de fraude en el terreno de los títulos académicos de nuestros políticos: máster de Cifuentes, Casado, Sánchez, Rivera, etc. Hemos visto cómo cientos de cargos electos habían inflado sus currículums con títulos pomposos más allá de la mera licenciatura, con el caso vistoso de la ausencia incluso del mero “Graduado escolar”.

Agravado todo ello además con tesis y trabajos plagiados o redactados por “negros” para acceder de manera rápida a un título que pueda realzar la imagen del interesado.

El motivo de todo esto es doble: por un lado tenemos el prestigio evidente que da tener títulos universitarios, licenciaturas, másteres, doctorados… Eso siempre impresiona al público en general, que es quien vota. Forma parte de la vieja tradición que nos legó la Grecia antigua sobre los gobernantes-filósofos, de quienes se espera que tomen sabias decisiones por su preparación. Es por ello que hay que engañar al ciudadano de a pie, haciéndole ver la esfera de lo político como un campo donde sólo acceden los mejores y más preparados. No sea que se dé cuenta de que solamente le diferencia de aquellos la sed de poder.

Por el otro, está claro que el oficio de la política es muy exigente y quienes se dedican a él necesitan invertir mucho tiempo. Todo el tiempo. Por eso necesitan disponer de muchos recursos y dinero: necesitan cuidadores y buenos colegios para sus hijos; hablar con muchas personas y tener buenos contactos; comprar voluntades; influir en el interior del partido; arruinar las carreras de sus contrincantes; etc. Y para ello tiene que haber dedicación plena. Por eso en España es habitual encontrar a muchos políticos sin ninguna experiencia en el sector privado, en el sector de la vida real.

Y en el terreno de la titulación, está claro que no pueden dedicar tiempo y recursos a unos estudios como tales. Pero al mismo tiempo necesitan esas “medallas”, esos “valores” que mostrar ante sus rivales y ante sus votantes. De ahí viene todo este “mamoneo” con los másteres falsos y las tesis plagiadas. Ante el dilema de formarse adecuadamente y trabajar con una vocación de servicio público o bien de escalar puestos dentro de un partido mediante el servilismo al líder y su afán de poder y lucro, el sistema democrático deja poca opción.

No les culpemos directamente: este tipo de políticos es el único posible dentro de este sistema. Son sus hijos legítimos y actúan como tales. Su “máster en mamoneo” es auténtico e impecable.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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