¿Machistas por naturaleza?
Última actualizaciónVie, 21 Feb 2020 8pm

Opinión | Jordi Garriga

¿Machistas por naturaleza?

feministas

De un tiempo a esta parte se está extendiendo el ataque a la masculinidad clásica, acusándola de “tóxica”, ya que se correspondería con una serie de actitudes que no tan solo serían malas para las mujeres en general, sino también para los propios portadores, los hombres normales.

¿Confusión entre machismo y masculinidad, o más bien ingeniería social?

Imagino que la idea feminista a difundir es que: como el machismo implica una superioridad del hombre sobre la mujer, el origen de esa idea ha de ser masculino, luego debe hallarse en la base de la masculinidad.

Para mí la base de este asunto se halla en la biología. No soy un determinista biológico, pero es evidente que somos una especie animal. El ser humano no es reducible a solamente biología, pero la biología es la base, los cimientos del edificio. No vivimos en los cimientos, sino en la casa, pero sin ellos, se derrumba… La biología es fruto de la evolución. Y seguimos evolucionando, luego no es una situación inamovible.

El caso es que el 97% de nuestro tiempo evolutivo lo hemos pasado en la prehistoria, y ello lo seguimos arrastrando. Por poner un ejemplo sencillo: La caza era primordial para sobrevivir, pues sobrevivir es el objetivo de todas las especies animales. La caza es una actividad que requiere fuerza física y habilidad espacial. Las pequeñas diferencias son primordiales para sobrevivir, y si el hombre, al no poder quedar embarazado, puede arriesgarse más, luego poder desarrollar más masa muscular, y aquellos que disponían de mejor orientación y coordinación con los demás, fueron los que tiraron adelante con su progenie.

Ya que si la caza es individual, produce menos beneficios que si es en grupo. Los hombres que mejor se coordinaron para cazar juntos, y hallaron un jefe que dirigiera las operaciones, sobrevivían más y mejor. Debido a ello se fueron seleccionando ejemplares humanos, de los que descendemos, capaces de entablar amistad enseguida, así como hombres capaces de organizar equipos: es por eso que se suele hallar a más jefes masculinos capacitados para organizar, así como para los hombres es más sencillo entablar amistad.

Ello por supuesto, acontece de manera general, lo que no quiere decir que esto no suceda con las mujeres. Sucede, sí, pero con menor frecuencia y eso no es culpa de nadie: las pequeñas diferencias importan. Entonces, si se presiona para revertir la situación o igualarla, no digo que no sea posible lograrlo. Todo dependerá de la presión evolutiva, aunque ello exige milenios. Y durante todos los siglos y siglos anteriores, el 95% de la población, masculina y femenina, ha estado en condiciones infames, bajo familias de jefes con sus mujeres…

Al final, todo es cuestión de poder y supervivencia. Lo cual no se relaciona con la bondad, la maldad, la raza o el sexo. Evolutivamente las mujeres podrían haber accedido a realizar actividades que sólo les estaban permitidas a los hombres, pero para ello la realidad medioambiental debería haber sido muy diferente. La realidad social nacida de esta evolución ha tenido cosas tanto buenas como malas, y algunas se arrastran sin saber su origen: hay que tener en cuenta que ninguna especie actuará en contra de sus intereses de supervivencia, o gastará energías inútilmente.

Como en el último medio siglo de existencia en el mundo occidental se desarrolló el llamado “Estado del bienestar”, diseñado por hombres no lo olviden, las mujeres han podido alcanzar cotas nunca soñadas de libertad y autonomía individuales. La justa igualdad de derechos políticos y sociales se alcanzó no mediante cuotas de género o culpabilizaciones colectivas, sino por expresa voluntad de muchos hombres plenamente masculinos. Porque las condiciones objetivas lo han permitido. Así de simple.

Cuando feministas como Irene Montero reclaman que los hombres se impliquen más con sus familias, olvidan (bueno, no olvidan, simplemente no lo saben) que en el mundo de los primates habitualmente el macho fecunda a la hembra y desaparece, dejándola con la crianza exclusiva de la prole. Los humanos nos diferenciamos fundamentalmente en que los machos empezaron a asistir a su hembra con alimento y protección, y por ello a implicarse en la familia hace ya miles y miles de años. Así que nuestra masculinidad, señoras y señores, es en primer lugar la atención a nuestras mujeres e hijos. Y luego viene todo lo demás.

La agresividad atávica viene de cuando los machos agresivos, promiscuos y desinteresados por la familia, se disputaban las hembras. Y esa agresividad es un residuo, tal como el asesinato, el robo, etc, que siempre han existido y siempre existirán tanto en hombres como en mujeres.

Atenuar todo esto siempre será bueno, pero no es admisible maltratar a los hombres y herir su dignidad declarándolos sospechosos de nacimiento, así como tampoco es admisible rebajar a las mujeres a víctimas de nacimiento, que necesitan ser protegidas por entidades feministas subvencionadas que viven de esta histeria expresamente institucionalizada.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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