Opinión | Jordi Garriga

La zanahoria del referéndum

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Este viernes el presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, ha anunciado la fecha y la pregunta del tan esperado referéndum de independencia. El día 1 de octubre (que durante el franquismo era el Día del Caudillo) y la pregunta será: "¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de república?"

Muchos espíritus sencillos han encontrado indignante todo esto, y se preguntan airados si es que el gobierno central no va a hacer nada ante semejante "desafío" separatista. Yo más bien, y otros muchos, estoy indignado por ver como se gastan energías, recursos, dinero y tiempo en una auténtica PATOCHADA.

El nacionalismo catalán es una religión revelada de manual, una obsesión enfermiza por una idea que lo promete todo a cambio de nada: harán una nación mediante sonrisas, dulces y chocolatinas, un lugar donde todos son bien recibidos, un lugar de alta cultura, de gran desarrollo, un lugar oprimido por unos orangutanes mesetarios llamados "españoles", de carácter primitivo, baja cultura y nazismo genético. Un cuadro así solo lo pueden aprobar los miembros de una secta...

Que este referéndum no va a ninguna parte ya lo dijo la Comisión europea de Venecia, cuando le dijo a Puigdemont que todo se puede hacer de acuerdo con la legalidad. Y la legalidad en España consiste en que los referéndums los convoca el gobierno central, es su competencia. Si no hay acuerdo con Madrid, no hay referéndum LEGAL. Y si el referéndum no es legal, entonces será una repetición del 9 de noviembre de 2014, un brindis al sol y otra oportunidad para enmarronar más a algunos cargos políticos. Y la vida sigue.

Los separatistas desearían que se suspendiera la autonomía, que se viera al presidente de la Generalitat entrando en la cárcel, los tanques por la avenida Diagonal... Imágenes que no se producirán porque... ¿Para qué? ¿cuántos ciudadanos catalanes "oprimidos" están dispuestos a morir o matar por su nación? Ninguno. ¿Está prohibido el idioma, las costumbres, las instituciones propias? No. Entonces ¿por qué todo esto?

Porque el cuento del referéndum no es más que una zanahoria para burros. Me explico: En 2011 se inició por toda España el movimiento del 15-M. Ya saben: "no hay pan para tanto chorizo", y tenía todas las características de un movimiento social y obrero. En Barcelona se ocupó la Plaza de Cataluña. En la región catalana los trabajadores industriales son numerosos y más bien poco nacionalistas, había el peligro de perder la calle para el nacionalismo. Y la casta catalanista de los Pujol, Millet, Montull, Prenafeta y compañía lo tuvo muy claro: había que desarticular la protesta social y hacerla "mutar" en protesta nacionalista, que es menos peligrosa para los beneficios empresariales. Por eso el lema fue "España nos roba", para romper la solidaridad de clase y para señalar a un enemigo común económico.

Desde 2012, hace ya 5 años, ya no hay movilizaciones sociales importantes, todo es propaganda nacionalista machacona día tras día. Los que dirigen el tinglado saben perfectamente que no van a ninguna parte, ya que precisamente se trata de ello. El anuncio de este viernes no es más que un episodio de esta huida hace delante. Si el gobierno español reaccionase con represión, aunque fuera mínima, tendrían la excusa perfecta para seguir siendo las eternas víctimas de la eterna España de sacristía con camisa azul. Y si se repite el 9-N este 1 de octubre, tanto mejor: el burro que tira del carro seguirá tras la zanahoria. La comedia sigue.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para 
MEDITERRÁNEO DIGITAL

 

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