Opinión | Jordi Garriga

¡La Virgen!

virge cordoba

El pasado lunes 13, en el marco de una exposición de la Delegación de Igualdad de la Diputación de Córdoba titulada “Maculadas sin remedio”, en la que 14 mujeres artistas exponen sus obras de un punto de vista feminista, una de las obras expuestas representaba una imagen típica de la Virgen María, con el vistoso detalle de que se está masturbando. Ese cuadro fue rajado de arriba abajo por un joven a cara descubierta.

Ese suceso ha estado precedido por las protestas de los grupos políticos de la ciudad situados a la derecha, que consideraban muy ofensiva esa imagen hacia los sentimientos religiosos. Dicha exposición ha sido denunciada ante los juzgados por el Partido Popular.

La autora del cuadro, Charo Corrales, dijo tras el ataque que: “No es la Inmaculada tocándose, soy yo. El cuadro es un fotomontaje con una foto mía y una tela azul que me cubre. Solo reivindico la sexualidad femenina y para nada hemos querido ofender a la religión católica, sino visibilizar a las mujeres artistas en una revisión sobre los estereotipos de la sociedad patriarcal.”

Quien vea el cuadro, verá PERFECTAMENTE que es una parodia religiosa muy ofensiva para cualquier católico. Ciertamente, la Sra Charo Corrales goza de las ventajas de vivir en España y de que la religión tradicional no sea demasiado tenida en cuenta. En otras latitudes no rajan cuadros, sino cuellos.

La reacción de la izquierda en Córdoba, por su parte, no se ha hecho esperar, declarando indignados que hay que respetar el arte, denunciando la intolerancia, etc. Al tiempo que recuerdan su compromiso con la organización de otros eventos de carácter religioso, como la Semana Santa.

Todas las sociedades y culturas del planeta tienen sus símbolos sagrados, sus imágenes santas, sus personajes religiosos a los que se debe rendir respeto, como “recipientes” de una manera de ver y entender la vida. En España y en el mundo occidental en general fue, durante muchos siglos, la religión cristiana la que daba sentido a la vida. Hoy todo eso ya hace tiempo que acabó, y la visión fundamentada en la tradición ya ha pasado a ser una opinión más entre muchas, muchísimas, otras.

Entonces se ve claramente cuáles son los elementos objetivo de la burla en nuestra sociedad, y cuáles son las figuras que merecen devoción. En multitud de producciones culturales lo común es que contengan críticas o ataques directos hacia los representantes del mundo tradicional: sacerdotes, militares, aristócratas… y se ensalza a su negativo exacto: el racionalismo, la técnica, el igualitarismo… Incluso desde la extrema derecha (Vox) se asumen los valores actuales, viéndose empujados a alabar al buen inmigrante y al homosexual como escudos discursivos y simbólicos con los que poder enfrentarse en debates.

Porque a nadie se le ocurrirá hacer una exposición burlándose de Anna Frank, representando a Rosa Parks sodomizada por un policía blanco, o con chistes sobre refugiados ahogándose en el Mediterráneo, violando mujeres o viviendo sin trabajar... Porque los mismos que se indignan si no se permite insultar a la religión (católica, por supuesto, porque con el Islam no hay huevos), a la policía o ejército o a los heteros y/o rubias, como forma excelsa de “arte”, son exactamente los mismos que te denuncian si das a entender que los musulmanes someten a las mujeres, si denuncias dictaduras militares bajo la hoz y el martillo o si llamas feminazis a ignorantes posmodernas que consideran a las mujeres como una “clase social oprimida”. Los mismos.

La sociedad que presume de libertad y apertura, en realidad fomenta una escala estrecha de valores y símbolos sagrados a los que no se debe tocar, so pena de ser excomulgados socialmente y apartados como leprosos. Cambian las formas y la intolerancia simplemente cambia de acera… ¿Progreso?

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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