Opinión | Jordi Garriga

La victoria de Marine Le Pen

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Voy a decir algo que para algunos es evidente, y para otros no tanto, y es que Marine Le Pen, este domingo, vencerá. Vencerá aunque el otro candidato, Macron, obtuviera muchos más votos que ella.

Tanto si gana como si pierde este domingo, la victoria del FN es un hecho. Recordemos las elecciones austriacas, donde el 85% de la clase obrera vota a una candidatura despreciada por los medios al servicio del Sistema como "ultraderecha"; recordemos a países como Hungría o Polonia, celosos de su soberanía nacional a pesar de haber caído en la trampa de la neoliberal Unión Europea; recordemos el Brexit donde un referéndum auspiciado por los "ultras" resultó vencedor.

Pero Francia no es un pequeño país, o de la periferia. Francia es junto a Alemania el corazón de la Unión Europea, tradicionalmente asociados a ideas de "libertad, igualdad, fraternidad". Le Pen es la constatación del fracaso, absoluto, de las políticas económicas y sociales de la casta internacional de banqueros y financieros. Su hambre de beneficios y dinero deja tras de sí un reguero de cadáveres literalmente hablando. El fracaso de querer hacer de nuestros países una especie de chiringuitos, de estados feudales bajo el mando de una moneda única que nos ha empobrecido a todos.

Le Pen, pese a toda la propaganda en contra, tiene a millones y millones de votantes de clase baja y media, los que han sido esquilados en esta crisis que ya dura demasiado. Y no les dice lo que quieren oír, sino lo que ellos VEN cada día en la calle y en su casa: demasiada corrupción; demasiada delincuencia; demasiados ilegales; demasiada decadencia en un país, Francia, que era espejo de tantas naciones en el mundo, y que hoy no es más que una víctima, ellos, el pueblo de Francia, del proyecto llamado "globalización", que consiste en machacar a todo el mundo para que acepte el poder del dinero, donde todo se compra y se vende: la familia, la patria, la dignidad personal, la cultura...

Le Pen es la derrota total de la izquierda, transformada en una parodia cuando ya el Sistema ha demostrado ser más capaz para alcanzar sus objetivos: destruirlo todo y poner los deseos del individuo por encima de las ruinas del pasado. La izquierda actualmente se limita a suministrar la vaselina a los obreros que son sodomizados cada día en nombre de la productividad y la eficacia económica. Ya nada queda del proletariado internacional, siempre fue una fábula.

La solidaridad nacional funciona mejor que la solidaridad proletaria: la humanidad no es una, sino muchas, y todas con la misma dignidad intrínseca. Al dinero le molestan las diferencias y las fronteras, y precisamente a esas diferencias y a esas fronteras apelan las candidaturas europeas despreciadas como extremistas. Tal como las paredes hacen confortable nuestra casa, luego nuestra vida; tal como nuestra identidad nos hace reconocibles ante nosotros mismos y los demás, Le Pen habla de ello y el pueblo escucha porque comprende ese lenguaje: ya se cansó de oír las mismas mentiras una vez y otra. Ahora por lo menos, desearía otro tipo de mentiras aunque fueran verdad...

Tal vez Le Pen acabe siendo un fiasco como Trump... Pero ello no merma su victoria. Ella es la consecuencia directa del fracaso neoliberal, y el anuncio más vistoso de que se acerca, para propiciar la supervivencia de la humanidad frente al ídolo monetario, la Hora de los Pueblos.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para 
MEDITERRÁNEO DIGITAL

 

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