Opinión | Jordi Garriga

La familia o el caos

familia

Hace un par de semanas leíamos la noticia de que, desde la Junta de Andalucía, se suprimían los términos "padre" o "madre" en las solicitudes de inscripción escolar por el de "persona guardadora". Hace más tiempo, la ultraizquierdista y diputada de la CUP Anna Gabriel reivindicaba su ideal de criar a los hijos "en la tribu", tal y como hacían los cromañones hace miles de años (bueno, y los bosquímanos actualmente). Simplemente se trata de borrar la memoria y la estructura de la llamada "familia tradicional", cuyo núcleo son un padre (hombre), una madre (mujer) y su descendencia biológica.

Con la legalización del "matrimonio homosexual" entre personas del mismo sexo, así como otras iniciativas como los matrimonios a tres, la reciente legalización del sexo con animales en Canadá, las presiones de los lobbies gay para no celebrar ningún "Día del Padre", así como los primeros intentos que se están visualizando para que se acepte socialmente a los pedófilos... Vemos como la palabra "matrimonio" ya pronto solo significará "contrato sexual". Y punto.

En esta época de disolución moral y ética, donde todo es relativo y donde nada está a salvo excepto el culto al dinero (lo que nos indica cual es la verdadera espiritualidad de quienes nos gobiernan), la familia, que es la base de nuestra sociedad, parece estar cayendo sin remedio. Se desea sustituir por el ídolo del sexo: el principio del placer por encima del principio del amor, el enemigo radical del dinero.

Sin embargo, a largo plazo el modelo tradicional es invencible. En primer lugar porque es el que ha demostrado mayor estabilidad, en segundo lugar porque es el superviviente de varios modelos históricos (lo que prueba su eficacia) y en tercer lugar por la cruda realidad biológica: está en la base de la reproducción de nuestra especie.

Por supuesto que siempre habrá solteros, homosexuales, estériles, etc. Pero la familia tradicional es la norma social indispensable para que la sociedad no se desintegre. Y todos ellos (solteros, homosexuales, estériles...) nacen en familias tradicionales.

El matrimonio heterosexual monógamo (el matrimonio hombre y mujer de toda la vida, vaya), triunfa porque:

1. Evita la degeneración de la sociedad. Al ser una relación sexual cerrada, las enfermedades de transmisión sexual quedan solo para los promiscuos y personas con comportamientos marginales; al saberse de quién son los hijos se evita la consanguinidad que solo crea seres enfermizos; genera personas con conciencia de su propia identidad: saben quienes son sus padres, saben de dónde vienen.

2. Crea comunidades fuertes. Una familia no solamente son los padres y los hijos: son los abuelos, los tíos, los primos, los nietos, la familia política... Los lazos de sangre y los lazos afectivos suelen ir de la mano. Además, en condiciones de igualdad, solo aquellos que tengan la capacidad, podrán crear su familia, quedando atrás aquellos que sean incapaces de ello. La descendencia que resulte de ello será beneficiosa para el conjunto social.

3. Ordena la sociedad. Crea valores donde lo femenino y lo masculino ocupan su lugar sin enfrentamientos absurdos por ver quién es superior; los niños y los ancianos son protegidos eficazmente; evita luchas entre hombres y mujeres por acaparar favores sexuales; la propiedad y la herencia están protegidas también...

Se me podrá decir que este cuadro es demasiado hermoso para que pueda coincidir con la realidad, y que como siempre ha habido infidelidades, traiciones, maltratos... Pues que se debe dejar que coexistan varios modelos familiares donde cada cual, a su libre albedrío, pueda sentirse cómodo.

A ello puedo contestar: De acuerdo, pero pensad que eso solo son caprichos hechos realidad dentro de una sociedad muy alejada de las raíces. Una sociedad donde a fuerza de denunciar la opresión social y familiar, estamos creando individuos solitarios, aislados y domesticados. Donde ya no se escucha al padre, al abuelo o a la madre, sino al técnico, al experto, a quien nos da un sucedáneo de autenticidad cambiando amor por dinero.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para 
MEDITERRÁNEO DIGITAL

 

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación y poder ofrecerle contenidos o publicidad de su interés. Si continúa en la página, consideraremos que acepta su uso.