Opinión | Jordi Garriga

La estrategia democrática de la tensión

quim torra lazo amarillo

La reciente investidura del 131 presidente de la Generalitat de Catalunya, el Sr Torra, no debería sorprender a nadie. Es un adepto incondicional dentro del círculo de Puigdemont y hará todo lo que se le ordene desde Berlín. No olvidemos que hasta hace poco era un mero vendedor de seguros y un juntaletras pretencioso: nunca habría llegado a ese puesto si no fuera por las actuales circunstancias políticas, fruto de una “estrategia de la tensión”.

La “estrategia de la tensión” clásica fue una metodología aplicada en los años 1970, principalmente en Italia, que consistía en manipular, dividir y controlar a la opinión pública usando para ello métodos de terrorismo, propaganda falsa, provocaciones de todo tipo, etc. Lo que vemos en Cataluña actualmente es una “estrategia democrática de la tensión”, pues se basa en manipular, dividir y controlar a la opinión pública usando toda clase de trampas legislativas, ejecutivas y legales. Todo muy aséptico, de momento.

Con ello, el terrorismo moderno del s. XX deja paso al asedio posmoderno del s. XXI: atacar mediante moralina superior y artimañas legalistas. No tiene nada de extraño que la banda terrorista ETA haya dejado de funcionar. Nunca fueron derrotados ni desarticulados por el Estado, sino que simplemente mutaron. Sus militantes ahora están en las instituciones democráticas con su buen sueldo a cargo del erario. Ya no tenía razón de ser y por eso han cerrado sus puertas.

La nueva estrategia terrorista contra España ya no se basa en el “Hard Power” (uso de la fuerza), sino en el “Soft Power” (uso de la ideología) tal y como vemos en Cataluña con el uso de discursos altisonantes y soflamas democráticas, simbología a base de urnas, victimismo a paletadas, etc… Ya no se aterra, sino que se mata de cansancio, se agota, se colapsa al contrario, se paraliza al país, se ralentiza la economía... Todo esto no es casual, ya Oriol Junqueras dijo, el pasado 29 de octubre de 2017, que el Govern deberá “tomar decisiones que no siempre serán fáciles de entender” y “momentos de incertidumbre, de dudas o contradicciones”. Pues habrá siempre una gran diferencia entre lo que se dice y los resultados que se obtienen, ya que todo se basa en un trabajo de erosión lenta y boicot persistente.

Así pues, el “procés” es una estrategia democrática de la tensión: se usan todos los métodos posibles para reventar la situación y hacer venir el desgobierno y el caos de manera permanente. Este nuevo presidente no deja de decir que su cargo es provisional y que en cualquier momento tiene que venir Puigdemont desde Berlín: instalación perpetua en la precariedad. De este modo su gobierno no tendrá que dar cuentas de ninguna acción de gobierno… Quedan así explotadas al máximo las contradicciones internas que todo sistema posee.

Por eso miles de empresas se han ido: porque saben que habrá una inestabilidad constante por muchos años. A los políticos responsables les da igual, ya que no les afecta, al tener su subsistencia asegurada fuera de los problemas de los trabajadores en el mundo real. Si de ellos depende, no tendrán inconveniente en rebajar la capacidad adquisitiva de los catalanes al nivel de Corea del Norte, si con ello pueden sabotear la marcha de la economía española y poder culpar eternamente de ello a España.

Es una estrategia que solo puede emplear una casta bien posicionada institucionalmente y económicamente. No es factible para trabajadores, sino para burgueses enfrentados a otros burgueses.

¿Qué escenario se abre ante nosotros ahora? El resultado depende de las decisiones que se tomen en Madrid, así de simple. Los separatistas harán todo lo que se les deje hacer. Si bien el Estado ha actuado y ya hay un buen número de dirigentes encarcelados y huidos, no es bueno que esta situación se alargue mucho más. Ojalá este nuevo fanático electo proporcione la excusa para un 155 con algo más de cafeína.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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