Opinión | Jordi Garriga

La dictadura que viene

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Desde el inicio de los tiempos, o en nuestro caso desde los tiempos de la antigua Grecia, uno de los principales pecados del ser humano era la “hibris”, que se traduce como “desmesura”, es decir, el deseo y la actuación de sobrepasar todos los límites e ir más allá de lo deseable. La experiencia histórica demuestra que cualquier acción necesita de una reacción en sentido contrario, o sino se traduce en una completa destrucción.

Lo que caracteriza sobre todo a nuestra época es la falta completa de límites, de contrapesos. Ya en la antigua ciudad de Esparta había dos reyes, para que se vigilase el uno al otro; en Roma había el Senado ante el emperador; en la Edad Media había multitud de contrapoderes entre reyes, señores feudales, Iglesia y ciudades libres. Precisamente luego llegó la monarquía absoluta, que hizo del Estado un terreno liso a disposición del rey, lo que nos hizo llegar a las revoluciones americana y francesa, que restituyeron los contrapoderes en la figura que conocemos de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.

Más recientemente, tras la segunda guerra mundial, hubo un equilibrio en el planeta entre dos sistemas enemigos: el bloque capitalista y el comunista, los cuales se influían recíprocamente en la aplicación de sus propias políticas. Pero, ay, eso se acabó a partir de 1991 y desde entonces, más allá de sus bondades y maldades, de su verdad o mentira, sólo quedó un poder global, político, económico y militar en nuestro mundo: el modelo estadounidense.

Tanto da que haya quedado este como el otro, pues todo poder necesita un límite o sino deviene una dictadura. Dada cualquier persona o grupo la capacidad de hacer lo que desee sin consecuencias, y se transformará en la peor alimaña que hayáis conocido.

Desde hace años los poderes no políticos, los económicos, que son los que realmente dirigen nuestras sociedades occidentales tras la desaparición del horizonte trascendente (la creencia en otro mundo) y el desprestigio de lo político (corrupción institucionalizada), se hallan desatados y están instaurando una dictadura basada en la granja como modelo ideal: el planeta es una explotación dirigida por una élite.

Si nos hablan de democracia, podemos ver que los ciudadanos solamente escogemos a los “capataces” de la granja, no a los amos, pues cualquier decisión que ellos toman se ve condicionada por poderes (ONU, FMI, UE, BCE, etc…) a los que nadie vota ni conoce. Las decisiones verdaderas las toman “técnicos” que vigilan nuestro “bienestar” de rebaño.

Ejemplos recientes:

- Se nos quiere convencer de que no debemos comer carne de animales, mediante una culpabilización sistemática a quienes jamás hemos matado a ningún animal y mediante el encarecimiento de ese producto, que pronto será sustituido por insectos o productos procesados y sintéticos, más baratos de producir a gran escala y que serán otro gran negocio.

- La promoción del vientre de alquiler o gestación subrogada como un derecho de todos los humanos a tener su propia familia. Para ello la promoción de la paternidad homosexual como algo normal es imprescindible. Tal como pasa con los lechones o los cachorros, los humanos seremos una mercancía más.

- La eutanasia como fin dulce de una vida que ya no tiene sentido y que es fuente de inenarrables sufrimientos: es decir, el sacrificio del animal que ya no es productivo (como la gallina que ya no pone huevos) y que provoca pérdidas enchufado a una máquina que le mantiene con vida.

- La lenta desaparición del dinero físico de nuestra vida cotidiana. Que, si bien la aparición de la moneda ya fue una sustitución simbólica de lo real, no dejaba de ser algo tangible, que se podía tocar y manejar. Se llegará al control absoluto del dinero, como de la paga a los menores o deficientes, por parte de un poder económico cuya mano en tu dinero será imposible de detener.

- La convivencia forzada de unos seres humanos junto a otros, en entidades artificiales que se seguirán llamando, todavía, países o Estados. Las poblaciones humanas están siendo mezcladas poco a poco, primero lo fueron en USA a pequeña escala y europea, ahora a mayor escala en todo Occidente, para ser dirigidas rentablemente mediante un modelo único. Luego deben caer las del resto del mundo, que ya están siendo preparadas mentalmente en la fascinación de Occidente como paraíso deseable.

- Regulación de la sexualidad. Este es un tema importante en la granja humana, ya que se está estableciendo una cultura del miedo mediante las enfermedades y las agresiones, lo que garantiza una mayor intromisión del poder en la esfera íntima: qué rituales de apareamiento se deben observar, que restricciones, qué es deseable y qué no. Es evidente que el beneficio económico ahora reside en no tener hijos, que son sustituidos por la inmigración masiva, pues la crianza de esos esclavos es a coste 0 y además vienen dispuestos a trabajar en las peores condiciones imaginables.

Podría seguir, pero es evidente que: Si otros (el 1%) decide que vas a comer, con quien vas a convivir, cuánto dinero vas a tener, que vas a poder decir y que no, si van a regular tu sexualidad, si vas a ser vendido desde tu nacimiento, si van a matarte cuando no seas productivo… es que esto es una dictadura y lo que es peor, no hay ningún contrapoder a la vista para detenerles.

Vista la experiencia histórica, si no se produce una revuelta de los “esclavos” (ahora mismo intoxicados con la ideología de los amos), nos espera o una catástrofe natural sin precedentes o el fin por muchos siglos de cualquier esperanza de libertad.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escritor, articulista y traductor. Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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