La dictadura de la piel

“Es una cosa humillante, horrible, es una necesidad vergonzosa, luchar para vivir. Sólo para vivir. Sólo para salvar el pellejo.”
C. Malaparte

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El otro día escuché por la radio a uno de esos expertos que tanto saben acerca de la marcha del mundo. Afirmaba sin dudar que el encarecimiento de los combustibles y la energía se debía principalmente, no a la guerra, sino a que en el año 2050 ya no se compraría gas ni petróleo y que los fabricantes, por tanto, aprovechaban para liquidar el negocio de ese modo, con alza de precios.

Hice el cálculo rápidamente: faltan más de 25 años para llegar a esa fecha y resulta que ya está decidido que no se consumirán esas energías ni esos combustibles. Dicho de otro modo: hay una agenda que va más allá de 2030 y que ya planifica hasta la lejana fecha del año 2050, al menos en Occidente.

Y me dije: “bueno, ¿pero esto quién lo ha decidido?”. No recuerdo haber votado tales medidas. Se me podrá decir que todo esto ya sale reflejado en los programas electorales de los partidos políticos, ya saben, aquellos que nadie lee.

Los electores por norma general van a votar por filias o fobias, por colores o por su estómago/billetera, nadie se preocupa por estudiar ningún programa electoral. Tal vez la sabiduría popular sabe que normalmente no se cumple ningún punto de ningún programa, los cuales suelen ser listas de deseos más que realidades a concretar.

Sin embargo, lo que más me impactó fue el desparpajo con el cual funciona el discurso oficial desde hace algún tiempo.

En las monarquías absolutas en siglos pasados el rey era el soberano único, que cambiaba leyes, cambiaba sentencias judiciales e incluso cambiaba costumbres en nombre del progreso y el bienestar, todo ello según la doctrina de que su poder estaba respaldado por Dios. Hoy, hemos regresado a aquella situación de siglos pasados una vez derrotada la idea del progreso y del crecimiento infinitos: Ahora se cambian leyes, se silencia y reprime, se manipula la justicia y se invierten roles y costumbres radicalmente en nombre de… el planeta, la salud, el clima. Sin una vida más allá, el más acá es la meta y es la fuente de poder de los gobernantes, de los verdaderos, como Bill Gates o Von der Leyen a quienes nadie votó jamás, la que les legitima en todas sus decisiones actuales y para dentro de 30 años…

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Y esto es lo que podríamos llamar la Dictadura de la Piel: cada persona debe sacrificarse para tener bienestar, lo cual no deja de ser una contradicción. La alternativa que se le ofrece es ser culpable, individualmente, del malestar de los demás. Hay que ponerse mascarilla para proteger a los otros, hay que vacunarse solidariamente, hay que ir andando para que todos respiren mejor, hay que comer gusanos para que no haya hambre en el mundo, hay que reciclar para salvar al planeta, etc. Eso sí, si puedes pagar el correspondiente impuesto o multa, el presunto daño de tus actividades desaparece por arte de magia y quedas absuelto: el individuo con dinero es un dios en la Tierra y la Dictadura de la Piel es su reino.

En la Dictadura de la Piel ya no hay comunidades de ningún tipo, ni familias, ni naciones: no tan sólo se supone que ya estamos en una especie de “mundo mejor”, sino que además somos los únicos culpables de su mantenimiento. Así nos quieren: individuos temerosos aferrados a la piel.

Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.

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