Opinión | Jordi Garriga

La Cenicienta separatista

independentistas decepcion

El juicio a los líderes del golpe separatista de octubre de 2017 ha llegado a su fin. Esperamos la sentencia y, sea cual sea, a los unos les parecerá demasiado blanda y a los otros demasiado dura. Sin embargo, ha quedado clara la inexistencia total de autocrítica por parte de unos “perdedores”, que hicieron dos cosas a la vez: nada y todo.

Me explico. Por un lado, las defensas han querido demostrar la ausencia total de efectividad y realidad de todas las declaraciones y actuaciones grandilocuentes que proclamaban una república, y que ésta era más una figura retórica que otra cosa. Por otro, su comportamiento intachable como “isla demócrata” en un país, España, genéticamente destinado a ser una dictadura bajo todas las formas posibles o imposibles, empeñado en fastidiar a los catalanes ya desde los tiempos en que apenas los trogloditas debían balbucear algo (dejemos trabajar un poco más a sus historiadores y podrán demostrarlo).

Es decir, hicieron y no hicieron, estaban y no estaban, firmaron y no firmaron, desobedecieron y no desobedecieron, se rebelaron y no se rebelaron. Es comprensible que ante un Tribunal los abogados recurran a toda clase de argumentaciones para esquivar las peores penas, pero la manipulación emocional ha alcanzado cotas inigualadas en este proceso.

El relato separatista, que tras 40 años parecía que iba a tomar forma concreta, vuelve a su punto de partida. Y ese es su éxito. Tal como dijo el personaje de Tyrion en el último capítulo de “Juego de Tronos”: “¿Qué une a la gente? ¿Los ejércitos? ¿Las banderas? No. No hay nada más poderoso que una buena historia”. Y la historia de la madrastra España que maltrata a la desvalida Cataluña, es un relato que conforta la vida cotidiana de miles de personas en las cenicientas Cataluña, País Vasco, Galicia, etc… Es un recipiente donde verter toda la basura emocional mal gestionada.

Los cuentistas del relato, las oligarquías locales, lejos de solucionar y mejorar las condiciones de vida, simplemente alientan las frustraciones y las encauzan dentro de un relato contra el omnipotente enemigo abstracto: el Estado español. Esto ya se ha explicado demasiadas veces, no creo que pueda aportar nada nuevo.

¿Qué hacer ante un relato poderoso? Construir otro. La psicología humana nunca será feliz con la abundancia material, eso fue una creencia nacida en tiempos donde lo normal era la escasez y no había la experiencia actual de total desazón de quienes todo lo tienen y nada disfrutan. El pueblo catalán, y otros, goza de las comodidades materiales y sociales del Occidente moderno, por lo que regar con dinero o más autogobierno a esta región no servirá para nada.

A la gente le parece más sabrosa la esperanza que el pan, más auténtico el sueño que cualquier bofetada de la realidad… En nuestro lado del mundo hay que crear proyectos, ofrecer imágenes que sean algo más que “pan y circo”, porque solamente la vida tiene sentido cuando TIENE SENTIDO: es decir, cuando hay un camino abierto hacia algo por lo cual parece que fue creada.

Y esa es la fuerza del relato separatista, de la cenicienta separatista, siempre maltratada. Siendo ese maltrato la señal de que es buena y verdadera, contra una España a la que se le atribuye el reverso perfecto. Esa sencilla y absoluta perfección en la visualización de los contrarios es su fuerza. Ofrezcamos otro relato superior o, sino, escribamos un final definitivo para el suyo.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación y poder ofrecerle contenidos o publicidad de su interés. Si continúa en la página, consideraremos que acepta su uso.