Opinión | Jordi Garriga

La AntiEspaña

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El término "antiEspaña" fue usado muy intensamente por el bando franquista en la guerra civil española. Agrupaba en un solo nombre a todos los enemigos de la llamada España nacional: anticlericales, separatistas, marxistas, etc. Hasta tal punto que cuando las tropas franquistas tomaban un pueblo, decían que "había llegado España".

Actualmente, y como corresponde a esta época, se usa más el término "hispanofobia" para referirse a aquellos que odian todo lo español. La moda de hoy es asociar un ideal político enemigo con una enfermedad mental: es el triunfo del método científico aplicado a la realidad.

No sería difícil ver como una "antiEspaña" contemporánea al separatismo catalán o al partido político PODEMOS. Sin embargo, del lado contrario, de donde se supone que debería haber una España "oficial", vemos que en realidad no hay más que otra "antiEspaña".

Porque resulta que el patriotismo español actual que se promociona no es más que un entramado de intereses neoliberales. La España que por ejemplo reivindicaba la herencia y tradición católicas ya no existe, y la libertad de culto así como la difusión de costumbres sociales claramente acristianas son algo muy común en nuestra sociedad.

La memoria y reivindicación del pasado imperial solo sirven para empequeñecer o directamente insultar esa etapa histórica, mediante películas y libros llenos de mentiras y errores.

El constitucionalismo, que parece ser el fundamento de la unidad de la nación española, no es más que un argumento racionalista y legalista que podría ser desmontado mediante votación en cualquier momento, sin ninguna emoción ni pena, solamente harían falta triquiñuelas de abogado, ni ejércitos ni nada.

Tenemos una antiEspaña que quiere ser Venezuela y otra que quiere volver a la edad media, con una península llena de fronteras y señoríos locales; y hay otra que ha vendido nuestra soberanía a la Unión Europea, nuestra seguridad a la OTAN y nuestra economía a los mercados internacionales. Porque la España del PP no es más que una versión grande de la Cataluña de Puigdemont, y Puigdemont simplemente es una versión reducida de la duquesa de Alba recorriendo a caballo sus latifundios.

La antiEspaña oficial es el fantasma de la vieja España, que ahora no es más que leyes y policía, deporte y empresarios "marca España": algo sin espíritu ni sentimiento, incapaz de enfrentarse a la otra antiEspaña histérica y frustrada porque su viejo enemigo murió de muerte natural y por ello necesita resucitarlo mentalmente, paranoicamente. La gran antiEspaña: una convive contra la otra.

Por eso, si hay una España verdadera todavía, es aquella que vive en el sentimiento y la rabia de las capas populares, en esos ciudadanos que siempre están siendo traicionados desde Madrid y desde Barcelona, Sevilla y Bilbao. Los patriotas que salen a la calle, aunque tengan que oír discursos liberales y progresistas; los que boicotean la propaganda separatista; los que son insultados a diario y pronto serán golpeados... ellos sin saberlo guardan a España, no como se imaginan, si no como ha de ser verdaderamente: como una lucha constante de unidad en la diversidad, como un ideal que no se base en el dinero y como un orden social necesario para vivir con dignidad.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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