Opinión | Jordi Garriga

Hay un Hitler en el autobús

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La siempre polémica asociación Hazte Oír ha fletado un autobús la semana previa al 8 de marzo, día internacional de la mujer, con el lema “No es violencia de género, es violencia doméstica”, con el que reclaman la derogación de las leyes de género (la Ley de Violencia de Género de 2004) y las normas LGTBI autonómicas.

Recordemos la campaña que ya hace tiempo realizó con un bus naranja, afirmando que los niños tienen pene y las niñas tienen vulva… Días y días de polémica, declaraciones, disturbios, apedreamientos y total, nada. Con esta nueva campaña han decidido ir más allá y usar la imagen de Hitler, customizada con aderezos feministas, y el hastag #StopFeminazis.

A ver, realmente ¿alguien cree que esto sirve para algo más allá de atizar odios y crear escándalo? ¿Plantea realmente un debate serio o simplemente se trata de tensionar deliberadamente? Una cosa es hacer frente a los abusos de un feminismo de tercera ola cada vez más vacío de contenido, y otra es provocar simplemente.

La imagen de Hitler es tan manida que pronto dejará de llamar la atención. Usar a Hitler o denominar fascista es tan simple como enseñar las tetas para llamar la atención: golpe de efecto que nada resuelve.

Por un lado tendremos a las feministas, e incluso a los propios nazis, quejándose de que precisamente Hitler no era muy igualitarista que digamos: “quizás se pueda decir que el mundo de la mujer es más pequeño. Su mundo es su marido, su familia, sus hijos y su hogar.” (Hitler, 1934). Y por el otro, a los defensores de la campaña, diciendo que el feminismo actual copia al viejo nacionalsocialismo en su metodología de enfrentamiento de un grupo bueno y sano, las mujeres, contra otro grupo eternamente malvado de nacimiento, los hombres…

Que alguien llame a las feministas “feminazis” o que alguien llame “machismo” a la masculinidad evidencian el fracaso de la subjetividad posmoderna, es decir, esta época en la cual todos podemos creer que sabemos o que somos expertos en algo navegando por internet. Antaño, una persona de pocas luces apenas lograba hacerse oír más allá de su barrio, pero hoy una conexión cibernética logra que podamos escuchar idioteces a miles de kilómetros.

¿Y qué sucede? Que se genera un tráfico de miles de millones de interacciones, un mar lleno de peces a los que tiran la caña todos los medios, asociaciones y charlatanes del planeta para hacer su agosto. Nada tan sencillo como fletar un autobús una semana para tener audiencia y propagar el mensaje que interesa.

Que un Hitler se use como imagen del feminismo radical, que la imagen de un autobús con lemas anatómicos de pie a escándalos, que se convoque una huelga feminista el 8 de marzo repleta de reivindicaciones irreales, es sintomático de una época que aunque presume de transparencia y conocimiento, en realidad fomenta la ignorancia y la cerrazón mental ante cualquier idea o hecho que no acaricia a nuestros sobredimensionados egos, a esos pequeños Hitlers

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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