Hay que domesticarlos
Última actualizaciónVie, 21 Feb 2020 8pm

Opinión | Jordi Garriga

Hay que domesticarlos

refugiados

En Siria hay actualmente unos 5.000 yihadistas de origen europeo encarcelados, a la espera de qué van a hacer con ellos sus respectivos países. Lo de origen europeo se refiere principalmente al lugar de donde partieron y a lo que pone en sus documentos de identidad, no tiene que coincidir necesariamente con un largo vínculo cultural ni familiar con Europa, Uds ya me entienden…

El problema principal lo tienen Francia y Bélgica, que acaparan a la mayoría de ellos, pero también España, de la que se calcula que debería hacerse cargo de unos 200 ciudadanos españoles, hombres, mujeres y niños, que se enrolaron en las filas del Estado Islámico y que han cometido actos de terrorismo.

La doctrina que se quiere practicar es el retorno de esos yihadistas y sus familias a Europa, para, dicen, tenerlos controlados y saber dónde están y quienes son… Miedo me da, y miedo debería darle a cualquier persona con dos dedos de frente. Son personas altamente radicalizadas, niños incluidos, tal como miembros de una secta destructiva, y nadie nos asegura qué se va a hacer exactamente con ellos. ¿Acaso les preguntarán si a partir de ahora se van a portar bien, les harán rellenar un test o algo y luego les dejarán sueltos entre nosotros? Pues nadie nos asegura lo contrario.

El caso yihadista es el caso extremo. Luego tenemos el caso de los conocidos MENAs y también las manadas de hombres de origen norteafricano en su mayoría, los grupos que controlan el tráfico de drogas en nuestros barrios, etc… Personas que, si bien no representan a la mayoría de inmigrantes, sí que son el síntoma de una carencia y de un descuido flagrante de nuestras autoridades: y es que a los extranjeros que deseen instalarse en España hay que DOMESTICARLOS.

Uso ese término del mismo modo que los progres usan el adjetivo “migrantes” para hablar de las personas desplazadas a otros países. Si unos rompen barreras entre especies, yo también puedo. El caso es que es necesario domesticar al que llega a nuestro país. “Domesticar” viene del latín y significa “de la casa”. En este caso, significa hacer de alguien como si fuera de casa. Y ya saben: los de casa, primero.

En los casos de yihadistas, menores conflictivos, etc, se unen en una combinación explosiva dos factores: por un lado un comportamiento de por sí antisocial, independientemente de la cultura de origen o de la cultura receptora: darán problemas aquí y allí, no importa. Y por otro el componente cultural de diferente escala de valores, dándose el caso más alarmante en su visión y relación con las mujeres, que son vistas desde su óptica como seres inferiores en el mejor de los casos, luego objetos que no merecen ninguna consideración. Tener a seres así sueltos en nuestras calles equivale poco menos que a tener fieras salvajes dispuestas a morder a la menor oportunidad. Simplemente hay que ver las últimas noticias…

Ni en España, ni siquiera en toda Europa, cabe el resto del planeta. Me gustaría saber qué criterio usan esos colaboradores estúpidos de las mafias de personas, cuando se dedican a trasvasar, literalmente, toneladas de género humano de un lado a otro sin el menor cuidado. ¿Ya saben qué están haciendo exactamente? Tomar al primero que pasa y meterlo en un barco y llevarlo a Europa, es sencillamente estúpido. Nada soluciona, nada salva, solamente ilusiona a millones de seres humanos con esa especie de seudo-lotería de blancos-buenos-samaritanos que viven y duermen en barrios donde sus beneficiados nunca podrían poner los pies (ni el 90% de nosotros).

La mejor solución pasa por establecer una barrera, unas fronteras tras las cuales puedan vivir sociedades culturalmente muy homogéneas. Y que sean muy difíciles de traspasar. Tanto en un sentido como en otro. Les puedo dar un ejemplo de que eso puede existir si hay voluntad para ello: Israel. Y oye, luego que si son una superdemocracia tope guay… Si todo es ponerse a ello. (Otra cosa es mi opinión sobre el Estado sionista, ladrón de tierras, pero es un ejemplo para poner en evidencia la hipocresía que reina en Occidente).

Ante unas fronteras herméticas, podría darse un fenómeno muy interesante, y es que desaparecería el “efecto llamada” o también esa “ilusión” con la que sueñan millones de personas en el mundo, que renuncian a combatir para cambiar las cosas en su casa, y deciden huir hacia Europa en busca de un sueño que solamente es eso, un sueño. Pero que al Sistema le va de perlas para redirigir las energías hacia la migración y no hacia la revolución.

Si aún a pesar de ello, hubiera personas decididas a entrar en Europa, entonces entraría el factor que antes he indicado, la “domesticación”. La instalación en zonas destinadas a ello, y convenientemente aisladas, de campos de reeducación, a los que la corrección política y la estupidez bonachona las podría denominar “colonias de reorientación social”, donde se ubicaría a los solicitantes de trabajo o ciudadanía durante un periodo X de tiempo para ser educados en lo que se considera que debe ser un buen aspirante a esa ciudadanía: tolerante con las ideas ajenas, respetuoso con el modo de ser del vecino, adopción de costumbres y tradiciones, abandono de cualquier nostalgia de origen… Quien aceptara y superara eso, sería bienvenido. De tal modo que el flujo se vería radicalmente cortado y los nuevos europeos, por su escaso número, fácilmente asimilados.

El principal obstáculo es que ahora mismo la propia Unión Europea participa de esa explotación planetaria que nos hace ser la nueva Roma de millones de bárbaros desesperados. En la era del imperio global capitalista, cuando las fronteras ya no puedan ser defendidas y cuando sea radicalmente transformado el planeta en otro nuevo ciclo… ¿Tendremos una nueva oportunidad los europeos, el ideal europeo, o seremos como un antiguo Egipto, ya para siempre un mito desaparecido?

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escritor, articulista y traductor. Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

Titulares de portada

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación y poder ofrecerle contenidos o publicidad de su interés. Si continúa en la página, consideraremos que acepta su uso.