La guerra (casi) secreta entre China y Occidente

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La palabra que está sonando con fuerza en los últimos días es "desabastecimiento". Diversas informaciones nos dicen que debido a la gran demanda de productos fabricados en Asia (China), no hay suficientes barcos para ello, por lo cual estos deben transportar el doble de contenedores actualmente (de 4.000 a 7.000) y por consiguiente el precio de uno solo de estos contenedores se ha multiplicado por 10 (de 1.000 a 10.000 euros en un solo año).

Los titulares de los grandes medios nos avisan que, literalmente, "El colapso de los puertos se agrava y pone en peligro la Navidad y el Black Friday". Es decir, la explicación oficial es que presuntamente tras el enorme paro de las industrias, el consumo estaría volviendo a sus niveles pre-COVID pero las cadenas de distribución habrían acumulado un gran retraso en los envíos, unido a la escasez de barcos y contenedores y a la consiguiente escalada de precios ante una demanda superior a la oferta. Para no complicarlo más: los productos procedentes de China van a llegar tarde y serán más caros.

Lo cual es extraño, pues pese a la argumentación en este sentido, durante este último año y medio de pandemia se multiplicó la demanda de productos a distancia y nunca hubo escasez. Y ahora, que ya se va terminando la excepcionalidad, ¿ahora sí hay problemas y escasez?

La explicación creo que se puede hallar en otro lado: al principio de la pandemia, en China, los inversores occidentales entraron en pánico al cerrarse todo. Cuando el dinero tiene miedo, huye. Entonces el gobierno chino aprovechó la caída general de las acciones de las empresas occidentales en China para comprarlo todo. Resultado: ahora las empresas de origen europeo o estadounidense que operaban en China están bajo el control del gobierno chino. Por consiguiente, China no es tan sólo la fábrica del planeta, sino la dueña de la producción y distribución mundiales.

Recordemos que ya en 2018 los USA impusieron duros aranceles a los productos chinos, y la Unión Europea siguió la política del amo yanqui, protestando ante la OMC (Organización Mundial de Comercio). Actualmente, funcionarios y organizaciones estadounidenses, europeas y japonesas colaboran para intentar frenar al gigante asiático.

Estamos viviendo una inmensa guerra comercial planetaria entre China y Occidente. No hay muertos (directos) ni batallas (declaradas), pero hay que tener en cuenta que los conflictos actuales ya no son abiertos, sino híbridos. Las guerras que se libran entre países, o contra uno, adoptan formas muy dispares: guerra psicológica, cortes energéticos, revueltas internas, etc. Y otro de los factores es hacer que los soldados no sepan que son soldados. En este caso, si las poblaciones occidentales reciben informaciones acerca de la escasez y el encarecimiento de los productos chinos, decidirán comprar en otras partes, o simplemente no comprar.

El problema es que cuanto más se agrave la situación, peor lo vamos a pasar nosotros, los ciudadanos de a pie. Las subidas del precio de la electricidad, los problemas políticos, la conflictividad laboral y otros, van a tener el perfecto chivo expiatorio: la voracidad china, la injerencia rusa, el extremismo populista. Y para acabar con ello, antes o después, no tendrán escrúpulo en ir un paso más allá en una guerra donde, como en todas las guerras, unos pondremos el sufrimiento y otros se llevarán los beneficios.

Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.

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