Técnica democrática del Golpe de Estado

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En 1931 un periodista italiano, Curzio Malaparte, publicó un libro titulado “Técnica del golpe de Estado”. En éste describía diferentes intentos de tomar el poder según la metodología de la época: La revolución rusa, la marcha sobre Roma, el putsch de Múnich, los generales Primo de Rivera o Pilsudski en España y Polonia… De qué modo los Estados modernos podían ser atacados y cómo éstos podían defenderse.

Actualmente, esto se sigue dando, aunque está a la vista de todos que la metodología varía fundamentalmente. Todavía en algún recóndito país africano podemos ver reproducida la forma ya anticuada del alzamiento armado, las masas en la calle, la toma de puntos clave del país, etc. Pero ya se ha convertido en algo anecdótico.

Luego, a partir del año 2000, coincidiendo con la recuperación de Rusia hemos podido ver las llamadas “revoluciones de color”, llamadas así por el color “corporativo” de los ciudadanos que protestan contra el gobierno. Se trata de una técnica basada en la movilización pacífica ciudadana, que colapsa el sistema de gobierno de un país, normalmente acusado de “dictador”, al que se desea derrocar para dar lugar a la “democracia, libertad y progreso”.

Casualmente, todas estas revoluciones se originaron en países vecinos o estratégicos alrededor de Rusia, como Yugoslavia, Georgia, Ucrania, Kirguistán, Bielorrusia o Moldavia. Incluso en la misma Rusia e Irán hubo intentos fallidos. En todas estas revoluciones fue muy importante el apoyo masivo de los medios de comunicación occidentales, las ONG previamente infiltradas en dichos países y el aliento de las grandes democracias como los USA, Reino Unido o la Unión Europea.

Todo ello, por supuesto, es una metodología en la cual la soberanía e independencia de esas naciones es lo que menos cuenta: lo importante es su “homologación”, que su sistema sea exactamente igual que el de los sistemas parlamentarios liberales, con sus partidos políticos, su desembarco de multinacionales y saqueo de los bienes públicos, sus privatizaciones, su implantación de la agenda LGTBI+ y el neofeminismo, el laicismo, etc… Es la globalización por las buenas o por las malas.

Últimamente, esta “técnica democrática del golpe de Estado” se ha ido refinando más, ya que la lógica del Mercado impone el menor coste posible para los mayores resultados: movilizar a tanta gente durante tanto tiempo, infiltrar agentes provocadores, promover medios de comunicación afines… al final resulta costoso por lo incierto del resultado, aparte que los gobiernos cada vez se blindan más al respecto.

¿Qué hacer? Golpes desde arriba, golpes institucionales. Hace poco lo vimos en Bolivia, cuando en las elecciones de octubre de 2019 resultó vencedor Evo Morales con un amplio resultado. Sin embargo, la oposición y la propia Organización de Estados Americanos (OEA) denunciaron fraude. Al final Morales se tuvo que exiliar. Al cabo de un año y con nuevas elecciones, el partido de Morales ha resultado vencedor con más votos todavía… Durante ese periodo hubo una presidenta interina, Jeanine Áñez, la cual en 24 horas reconoció a Guaidó como presidente legítimo de Venezuela (otro “golpista democrático”, recuerden) y un mes más tarde Bolivia ingresaba en el Grupo de Lima, entidad internacional que busca derrocar a Maduro. Otro dato es que destituyó al 80% de los embajadores de Bolivia en el mundo y los sustituyó por meros “encargados de negocios”…

En nuestra misma España también lo hemos visto: en 2016 Pedro Sánchez fue investido presidente del gobierno tras una moción de censura contra el gobierno de Mariano Rajoy, con el apoyo de casi todo el resto de fuerzas políticas, sindicatos, medios de comunicación, etc... Dentro de España, en Cataluña, ya hemos encadenado 3 presidentes de la Generalitat a los que no ha votado nadie.

Y en la “mayor democracia del mundo”, en los USA hemos visto un show muy completo, en el cual todos los organismos internacionales, todas las clases políticas occidentales, todos los medios de comunicación del planeta, dan como vencedor al candidato preferido de los globalistas, Biden, o mejor dicho a su vicepresidenta, la “colored” Kamala Harris, a la cual veo más en los medios, como si hubiera ganado ella…

En resumen, si antes era un alzamiento armado de un dictador o partido único contra otro dictador o una democracia liberal, si luego han sido alzamientos pacifistas (o no mucho) respaldados por ONG y medios de manipulación masiva, la tendencia del golpe de Estado, venerablemente democrático, consistirá en la destitución y escarnio por parte de grandes organismos que garantizan la “limpieza democrática”, esté o no esté el pueblo o la misma lógica de acuerdo.

Luego se extrañan de que Trump haya logrado 15 millones de votos más a pesar de todo…

Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.
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