Luz de gas

El pasado 31 de octubre el presidente de Argelia confirmó la rescisión del contrato con España para suministrarle gas desde el gasoducto Magreb-Europa, inaugurado hace 25 años, y que atraviesa territorio marroquí. La causa oficial es el conflicto entre Marruecos y Argelia, viejos enemigos en la región que ya han suspendido nuevamente sus relaciones diplomáticas y comerciales. De esta forma, Marruecos pierde millones de euros por "derechos de paso" y pierde gas para alimentar centrales eléctricas.

Aunque van a ampliar la capacidad de otro gasoducto que también va hacia España, todavía se necesitarán unos 48 barcos para transportar gas licuado hasta nuestros puertos. El caso es que esta metodología es peligrosa: ya se han dado casos de barcos metaneros, que se dirigían a España, que han cambiado de destino tras haber sido comprados en plena travesía por chinos... Es el mercado, amigos.

Aproximadamente la mitad del gas que llega a España procede de Argelia, y de éste, la tercera parte llegaba vía Marruecos. Ahora ya no. Las autoridades argelinas prometen que llegará el mismo gas que antes... Pero solo es una promesa. Lo que es cierto es que los consumidores vamos a pagar más.

Como si de una desdichada casualidad se tratase, o no, llega dos semanas después la noticia de que Alemania no concede la certificación del gasoducto Nord Stream 2. Este gasoducto se ha construido para transportar gas desde Rusia hasta Alemania pasando por el mar Báltico evitando los territorios geopolíticamente hostiles de Polonia y Ucrania. Sin esa validación, que dice tener carácter técnico, esa infraestructura no podrá funcionar.

Si se analizan ambos fenómenos teniendo en cuenta las advertencias de un posible Gran Apagón en Europa, vemos que algunas piezas encajan. Y que el diseñador se llama USA y la víctima es Europa.

gas espana

Por un lado, tenemos a Marruecos que se ha convertido en el aliado más importante de los estadounidenses en esta parte del mundo. Es uno de los pocos países con los que tiene Tratado de libre comercio y ya se ha ofrecido para que el ejército yankee instale una gran base en su territorio. En diciembre pasado Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y en enero logró que Marruecos e Israel iniciaran relaciones diplomáticas. La influencia de los judíos magrebíes en Israel es considerable, pues una tercera parte de los ministros del gobierno tienen ese origen. ¿Acaso no van a instalar una base militar conjunta estos dos Estados al sur de Melilla?

En lo que respecta al caso alemán, las empresas implicadas en la construcción del Nord Stream 2 han tenido que sufrir las sanciones que los USA les han impuesto. Tal cual. Ello se debe a dos factores: el geopolítico que contempla el aislamiento permanente de Rusia y alejarla de Europa, a falta de poder derrotarla militarmente, y el comercial, ya que ahora Rusia suministra una tercera parte del gas de toda Europa, mientras que los USA, país rico en gas, quiere colocarnos su producto eliminando competencia miserablemente mediante sanciones y amenazas militares. Lo que siempre ha hecho mientras canta las alabanzas del libre mercado. Sería para reírse.

Europa es un continente muy dependiente energéticamente. China es una superpotencia que ha crecido exponencialmente los últimos treinta años hasta convertirse en la fábrica del planeta, por lo que necesita comprar mucha energía. Rusos y estadounidenses poseen grandes fuentes energéticas y aspiran a controlar zonas y pasos para la energía. Pensemos un poco: ¿quién va a ser la víctima propicia de toda esta tormenta perfecta? A los europeos nos están haciendo luz de gas los estadounidenses en su disputa con chinos y rusos.

¿Por qué? Pues porque desde 1945 somos un simple campo de batalla, un mercado abierto. Cuando se renuncia a la soberanía política, se renuncia a vivir. Comprendo el rechazo al europeísmo de muchos, pues se identifica a la UE con Europa, pero es algo tan incorrecto como identificar a España con la monarquía o a Cataluña con la oligarquía separatista. Para evitar que Europa se convierta en un monigote azotado por unos y otros, sin industria, sin energía y sin identidad propia, es necesario unirse en este mundo cada vez más estrecho y caótico donde ya no caben idealismos sino realismos.

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Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.

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