Opinión | Jordi Garriga

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Entre septiembre y lo que llevamos de octubre, estamos asistiendo en Cataluña a un verdadero recital de histeria nacionalista que haría las delicias de un Freud. Todos los días son históricos, el mundo nos mira, nadie puede detener al pueblo, etc... Cuando todo ello son meras ensoñaciones que han conseguido, atención, hipnotizar a todo un pueblo considerado de cierta cultura.

Lo cierto es que el nacionalismo catalán está atascado mentalmente desde hace 40 años más o menos. La España que este movimiento afirma combatir sólo existe residualmente: la nostalgia franquista puede ser comparable actualmente a la nostalgia napoleónica en Francia, en el sentido de que no moviliza apenas nada. A resultados electorales me remito. La España autoritaria a la que se refieren sólo existe en sus cabezas.

El gobierno español no puede actuar libremente, y absolutamente todas sus actuaciones hasta la fecha lo corroboran. Simplemente actúan siguiendo protocolos, no provocaciones de expertos en agitación y propaganda, y dan cuentas a organismos como la OTAN y la UE o la ONU, que fiscalizan y siguen sus actividades. No como en la época de Franco, donde ciertamente apenas tenían que dar cuenta a nadie de nada. Pero eso, señores, ya no existe.

Además, ¿realmente para qué puede servir una independencia de un país miembro de la UE y de la OTAN con el firme convencimiento de seguir estando en la UE y la OTAN? Y de querer seguir usando el Euro, claro. Suiza y Dinamarca se usan como referentes y señuelos atractivos para ello, cuando la realidad es muy distinta: una presunta república catalana no sería más que una mini-España, con sus corruptos bien asentados y reconocidos, con sus problemas de desempleo, y con una casta política que nada tiene que envidiar a Madrid. Con un añadido: el deseo confeso de parasitar y vampirizar al Estado opresor para garantizar pensiones y tener siempre la excusa perfecta del boicot y sabotajes del Estado español cuando las cosas fueran mal. Venezuela y Cuba serán los modelos más perentorios.

Claro que, si seguimos así, con más de 1.000 empresas huídas ya, con aislamiento internacional, con más de la mitad de la población en contra de esta situación... A ver si el modelo del futuro será la España franquista. Un país en ruina moral y material, con un régimen imponiendo su modo de vida, con un desarrollismo en medio de un tremendo boicot internacional. Se podría empezar por desarrollar vínculos con otras potencias como China o Israel, y trabajar como esclavos para ellos, volver a poner en pie una industria turística para atraer dividendos y abrir muchos burdeles, tener una moneda propia convenientemente devaluada cada año con muchos ceros, organizar a la masa de parados y subvencionarla mediante muchas obras públicas...

Sí, sería maravilloso librarse de la odiosa España franquista que solo existe en pobres mentes, y hacer una Cataluña modelada a medida de una ideología única, sometida a intereses extranjeros y con un enorme cartel en la frontera: CATALONIA IS DIFFERENT.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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